"En este tiempo de exceso de novelas negras, se agradece mucho un cambio de registro que supere al propio género. La sociedad en su conjunto, y las prácticas y usos comúnmente aceptados, no saldrán indemnes del ejercicio de estilo y de las cargas de profundidad que nos lanza el autor. Una prosa plagada de hallazgos estéticos y significativos, junto a una doble voz narrativa, y una trama de final inesperado, completan una obra tan original como absorbente"
La literatura basura ha llegado al mundo editorial para quedarse. No es algo improvisado, viene de lejos. Pero con la crisis y la digitalización se ha acelerado. Es fruto de la banalización de la cultura y de la fascinación por el espectáculo. Ahora hay que escribir con una cierta mentalidad hamburguesa, de forma rápida, repetitiva, anodina, para que el mercado te acepte. Desde el Blog Literatura Basura se ofrece una mirada crítica del panorama literario y un análisis irónico de la era digital.
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miércoles, 27 de julio de 2016
Un detective muy particular
"En este tiempo de exceso de novelas negras, se agradece mucho un cambio de registro que supere al propio género. La sociedad en su conjunto, y las prácticas y usos comúnmente aceptados, no saldrán indemnes del ejercicio de estilo y de las cargas de profundidad que nos lanza el autor. Una prosa plagada de hallazgos estéticos y significativos, junto a una doble voz narrativa, y una trama de final inesperado, completan una obra tan original como absorbente"
lunes, 18 de julio de 2016
La capital del mundo, novela negra
El escritor bilbaíno Gonzalo Garrido lleva publicadas con su último libro “La capital del mundo”
tres novelas. Todas muy diferentes entre sí. Desde la intriga de la
primera, el intimismo y la reflexión de la segunda hasta llegar al más
auténtico género negro, el autor ha cubierto un largo periplo
demostrando que se ha convertido en uno de los escritores vascos de
mayor proyección y calidad.
La capital del mundo es una sólida novela negra con un protagonista un tanto peculiar que, anteriormente, había trabajado como taxista. La denuncia social está presente en cada una de las páginas de la novela pero, también, el humor, la crítica hacia las instituciones políticas y una investigación que nos deja sin aliento hasta llegar a un final sorprendente. Gonzalo Garrido nos cuenta todas sus motivaciones literarias en esta entrevista.
”La capital del mundo” es una novela negra. Después de pasar por la novela de intriga y por la novela literaria, ¿se ha encontrado a gusto en este género? ¿Definiría como negra su novela?
Sí, la verdad. Es un género muy agradecido. De hecho mi interés por la novela negra viene por su capacidad de someter al poder y a la sociedad a un tercer grado…
¿En qué género se encuentra más cómodo escribiendo?
En todos me siento cómodo aunque he sufrido más en la novela intimista por todo lo que conlleva de carga emocional. Ahora me apetece volver a cambiar y tocar el género de humor, nada fácil por cierto.
La novela destila mucho humor negro. ¿Es la única forma de enfrentarse con el mundo actual?
Creo que sí. Ante la impotencia de ver tantas injusticias y tanta estupidez, conviene armarse de ironía y de humor para sobrevivir con dignidad. Además, permite no tomarse la vida demasiado en serio.
También da mucha caña a su ciudad, incluso la denomina ciudad de cotillas. ¿Ha recibido alguna amenaza por ello?
Todavía no, pero todo se andará. Por de pronto le he dicho a mi editor que me busque piso en Barcelona. Es broma. Las sociedades democráticas permiten que sus intelectuales las critiquen. Espero que sea el caso de Bilbao.
De un bilbaíno no podíamos esperar menos que denominar a su ciudad la capital del mundo. ¿Tiene Bilbao los ingredientes necesarios para serlo?
Bilbao ha cambiado mucho en los últimos años y, dentro de su tamaño, sí puede ser una ciudad representativa a nivel mundial, pero de ahí a ser la capital del mundo…
Su protagonista Ricardo Malpartida es un perdedor nato, un superviviente que pasa de ser taxista a ser detective privado. ¿Es el protagonista ideal para una novela de género?
No sé qué decirte. Me enamoré de Malpartida como protagonista y después se comportó como un canalla conmigo. Uno no se puede fiar de los taxistas.
Malpartida, un apellido que nos recuerda mucho a Alatriste, es un protagonista que nos parece puede tener un largo recorrido. ¿Ha pensado volver a trabajar con él? ¿Cómo se le ocurrió ponerle ese apellido que no es muy vasco, por cierto?
Sí, me gustaría que me acompañase a lo largo de mi vida. Creo que es un buen compañero de fatigas. En mi primera novela el detective se llamaba Maldonado. He querido seguir con esa pauta de personas cuyo apellido puede marcarlos de por vida.
Corrupción urbanística, políticos, instituciones bancarias, prostitución y pornografía, terrorismo, etc. ¿No son muchos temas para una sola novela?
He hecho una panorámica de la ciudad y en esa radiografía han salido las principales contradicciones, que son muchas y muy variadas.
¿Le ha quedado una novela muy coral? ¿Ha querido reflejar con tanto protagonista la sociedad bilbaína?
Sí, he querido que la ciudad quedase bien reflejada, algo que ya hice con Las flores de Baudelaire, sólo que con cien años de distancia. De hecho, algunos lectores me han comparado las dos ciudades.
Narrada en tercera persona, tiene en los capítulos pares unas reflexiones en primera persona de varios narradores anónimos. ¿Por qué ha introducido esas cavilaciones de una protagonista presuntamente secundaria?
Quería salirme de la novela negra clásica y deseaba dotarla de cierta profundidad. Esa segunda voz conlleva una mayor reflexión, otros matices muy necesarios para entender la historia narrada y nuestro tiempo.
¿Cree que nuestra sociedad es demasiado conformista y resignada?
Sin duda. No hace falta más que leer los periódicos, seguir las redes sociales, etc. Nunca hemos tenido tanta información y nunca se ha utilizado tan pobremente, con tan poco criterio.
¿Es peligroso tener ideas propias?
Siempre ha sido peligroso. En las sociedades estrechas de mente, mucho más. Pero eso no debe condicionar al escritor que en el fondo es un rompedor de barreras, un luchador contra la intolerancia.
En la novela, vemos cómo los políticos abusan de su poder con las personas débiles.Sin embargo, los ciudadanos continúan votando una y otra vez a los mismos candidatos. ¿Algún día se romperá ese círculo vicioso?
Supongo que sí pero para eso hay que tener antes ciudadanos libres, educados, comprometidos… De momento no interesa a nadie.
Otro de los temas que trata es la pornografía en las redes. ¿Se está haciendo un mal uso de estas nuevas tecnologías?
Las tecnologías sirve para lo mejor y lo peor. Depende de las personas, no de los instrumentos. En el caso de la pornografía, está claro que es un campo abonado en el que muchos están enganchados.
Uno de los protagonistas secundarios es su editor, Jorge Dolz. Por supuesto, no tiene nada que ver con la realidad ¿no?
Es un guiño simpático… aunque nunca se sabe. Los editores son terribles.
¿Ha quedado satisfecho con el resultado de la novela?
Sí, me he divertido mucho escribiéndola y creo que eso se transmite al lector. Tanto es así que ha salido la segunda edición en menos de un mes.
* Entrevista en TODO LITERATURA
La capital del mundo es una sólida novela negra con un protagonista un tanto peculiar que, anteriormente, había trabajado como taxista. La denuncia social está presente en cada una de las páginas de la novela pero, también, el humor, la crítica hacia las instituciones políticas y una investigación que nos deja sin aliento hasta llegar a un final sorprendente. Gonzalo Garrido nos cuenta todas sus motivaciones literarias en esta entrevista.
”La capital del mundo” es una novela negra. Después de pasar por la novela de intriga y por la novela literaria, ¿se ha encontrado a gusto en este género? ¿Definiría como negra su novela?
Sí, la verdad. Es un género muy agradecido. De hecho mi interés por la novela negra viene por su capacidad de someter al poder y a la sociedad a un tercer grado…
¿En qué género se encuentra más cómodo escribiendo?
En todos me siento cómodo aunque he sufrido más en la novela intimista por todo lo que conlleva de carga emocional. Ahora me apetece volver a cambiar y tocar el género de humor, nada fácil por cierto.
La novela destila mucho humor negro. ¿Es la única forma de enfrentarse con el mundo actual?
Creo que sí. Ante la impotencia de ver tantas injusticias y tanta estupidez, conviene armarse de ironía y de humor para sobrevivir con dignidad. Además, permite no tomarse la vida demasiado en serio.
También da mucha caña a su ciudad, incluso la denomina ciudad de cotillas. ¿Ha recibido alguna amenaza por ello?
Todavía no, pero todo se andará. Por de pronto le he dicho a mi editor que me busque piso en Barcelona. Es broma. Las sociedades democráticas permiten que sus intelectuales las critiquen. Espero que sea el caso de Bilbao.
De un bilbaíno no podíamos esperar menos que denominar a su ciudad la capital del mundo. ¿Tiene Bilbao los ingredientes necesarios para serlo?
Bilbao ha cambiado mucho en los últimos años y, dentro de su tamaño, sí puede ser una ciudad representativa a nivel mundial, pero de ahí a ser la capital del mundo…
Su protagonista Ricardo Malpartida es un perdedor nato, un superviviente que pasa de ser taxista a ser detective privado. ¿Es el protagonista ideal para una novela de género?
No sé qué decirte. Me enamoré de Malpartida como protagonista y después se comportó como un canalla conmigo. Uno no se puede fiar de los taxistas.
Malpartida, un apellido que nos recuerda mucho a Alatriste, es un protagonista que nos parece puede tener un largo recorrido. ¿Ha pensado volver a trabajar con él? ¿Cómo se le ocurrió ponerle ese apellido que no es muy vasco, por cierto?
Sí, me gustaría que me acompañase a lo largo de mi vida. Creo que es un buen compañero de fatigas. En mi primera novela el detective se llamaba Maldonado. He querido seguir con esa pauta de personas cuyo apellido puede marcarlos de por vida.
Corrupción urbanística, políticos, instituciones bancarias, prostitución y pornografía, terrorismo, etc. ¿No son muchos temas para una sola novela?
He hecho una panorámica de la ciudad y en esa radiografía han salido las principales contradicciones, que son muchas y muy variadas.
¿Le ha quedado una novela muy coral? ¿Ha querido reflejar con tanto protagonista la sociedad bilbaína?
Sí, he querido que la ciudad quedase bien reflejada, algo que ya hice con Las flores de Baudelaire, sólo que con cien años de distancia. De hecho, algunos lectores me han comparado las dos ciudades.
Narrada en tercera persona, tiene en los capítulos pares unas reflexiones en primera persona de varios narradores anónimos. ¿Por qué ha introducido esas cavilaciones de una protagonista presuntamente secundaria?
Quería salirme de la novela negra clásica y deseaba dotarla de cierta profundidad. Esa segunda voz conlleva una mayor reflexión, otros matices muy necesarios para entender la historia narrada y nuestro tiempo.
¿Cree que nuestra sociedad es demasiado conformista y resignada?
Sin duda. No hace falta más que leer los periódicos, seguir las redes sociales, etc. Nunca hemos tenido tanta información y nunca se ha utilizado tan pobremente, con tan poco criterio.
¿Es peligroso tener ideas propias?
Siempre ha sido peligroso. En las sociedades estrechas de mente, mucho más. Pero eso no debe condicionar al escritor que en el fondo es un rompedor de barreras, un luchador contra la intolerancia.
En la novela, vemos cómo los políticos abusan de su poder con las personas débiles.Sin embargo, los ciudadanos continúan votando una y otra vez a los mismos candidatos. ¿Algún día se romperá ese círculo vicioso?
Supongo que sí pero para eso hay que tener antes ciudadanos libres, educados, comprometidos… De momento no interesa a nadie.
Otro de los temas que trata es la pornografía en las redes. ¿Se está haciendo un mal uso de estas nuevas tecnologías?
Las tecnologías sirve para lo mejor y lo peor. Depende de las personas, no de los instrumentos. En el caso de la pornografía, está claro que es un campo abonado en el que muchos están enganchados.
Uno de los protagonistas secundarios es su editor, Jorge Dolz. Por supuesto, no tiene nada que ver con la realidad ¿no?
Es un guiño simpático… aunque nunca se sabe. Los editores son terribles.
¿Ha quedado satisfecho con el resultado de la novela?
Sí, me he divertido mucho escribiéndola y creo que eso se transmite al lector. Tanto es así que ha salido la segunda edición en menos de un mes.
* Entrevista en TODO LITERATURA
martes, 14 de junio de 2016
martes, 24 de mayo de 2016
La capital del mundo
Esta nueva novela es una historia de intriga escrita con humor y lucidez. El autor de Las flores de Baudelaire y El patio inglés centra en esta ocasión su atención en el conformismo de la sociedad, así como el abuso de poder y la manipulación de los medios.
Ricardo Malpartida, detective privado de los bajos fondos, investiga el asesinato de un famoso científico de Bilbao, ciudad cada vez más obsesionada por ofrecer una buena imagen al mundo. En su particular búsqueda de la verdad, Malpartida deberá enfrentarse con numerosos fantasmas, propios y ajenos, que desvelarán el lado más oscuro del ser humano. Con una buena dosis de provocación, Gonzalo Garrido desarrolla una trama que engulle al lector y que muestra las contradicciones íntimas de un Bilbao y, por extensión, de una Euskadi autocomplacientes. A través de la investigación los lectores entrarán en una espiral de la que no podrán desengancharse hasta terminar la novela.
Ricardo Malpartida, detective privado de los bajos fondos, investiga el asesinato de un famoso científico de Bilbao, ciudad cada vez más obsesionada por ofrecer una buena imagen al mundo. En su particular búsqueda de la verdad, Malpartida deberá enfrentarse con numerosos fantasmas, propios y ajenos, que desvelarán el lado más oscuro del ser humano. Con una buena dosis de provocación, Gonzalo Garrido desarrolla una trama que engulle al lector y que muestra las contradicciones íntimas de un Bilbao y, por extensión, de una Euskadi autocomplacientes. A través de la investigación los lectores entrarán en una espiral de la que no podrán desengancharse hasta terminar la novela.
martes, 7 de julio de 2015
domingo, 21 de junio de 2015
Entrevista impublicada de ayer y de hoy
Cómo definiría sus estilo narrativo
Aunque no soy la persona más indicada, creo que intento escribir con un estilo propio, preciso, minimalista, donde cada palabra tenga un sentido definido.
De cuál de sus obras se siente más orgulloso.
Cada libro tiene su vida propia y ha compartido muchas horas conmigo. Creo que de los dos que he publicado hasta ahora, cada uno por distintos motivos.
Cuando escribe un libro cómo lo hace
Siempre con el ordenador. Lo que escribo a mano son apuntes de todo tipo que me puedan parecer interesantes para desarrollar después en la novela.
A veces pensamos que un libro que para nosotros es bueno resulta un fracaso editorial, y viceversa. ¿Por qué?
El sector editorial es muy injusto y manipulado, lo que hace que gente con gran calidad no destaque y gente bastante vulgar literariamente hablando llegue muy lejos.
Tiene algún ritual para ponerse a escribir?
No. Escribo donde puedo y cuando puedo, eso hace que sea pragmático. Cuando lo hago en mi oficina, a última hora de la tarde, cambio las luces para sentir que estoy en otro ambiente. Poco más.
El escritor vale lo que valen sus obras. ¿Está de acuerdo?
Las obras son el producto de la creatividad del escritor y creo que deben ser juzgadas con independencia de su autor. Aun así, también pienso que ahora los autores tienen mayor visibilidad y, por tanto, son juzgados por sus ideas fuera de su obra.
Sus novelas son de capítulos cortos. ¿Lo hace por darle más originalidad y rapidez a la narración?
Escribo de una manera muy sucinta, intentando centrarme en lo importante y dejando lo accesorio fuera. Y quiero mantener un ritmo.
Las flores de Baudelaire funcionan muy bien como fresco panorámico de una época. ¿El proceso de documentación ha sido fundamental?
En una novela con tintes históricos es necesario documentarse mucho para coger el tono. Y no es fácil. Por eso no me quise alejar más de cien años, porque nuestra mentalidad es muy similar a aquella época, dado que comienza la modernidad de la sociedad. Más lejos me hubiera sido imposible.
El transfondo del argumento de su novela es la convulsa industrialización de Bilbao. ¿Por qué eligió este tema?
Me interesa escribir y aprender al mismo tiempo. Y los comienzos del siglo XX son interesantísimos a nivel europeo y, por supuesto, español y vasco. Así que me pareció un buen contexto para introducir un crimen y conocer la ciudad, sus desigualdades, el mal... Además, tiene similitudes con los años 2000, cuando la riqueza y la especulación eran muy fáciles en nuestro país.
En el Ulises de James Joyce se aconseja leer primero el final, para la mejor comprensión de la obra. ¿Ocurre esto con alguna de sus obras?
El Ulises se puede leer de cualquier forma porque es un gran artefacto literario. En mi caso las novelas son más tradicionales, todo mucho más sensato.
¿Qué intenta que transmitan sus novelas?
Quiero que hagan pensar, que nos pongan en una situación determinada, no siempre cómoda. También que entretengan, claro.
¿Cuál es la parte más dura y complicada para escribir una novela?
Comenzar siempre es complicado. Saber dónde está la historia, encontrar la voz narradora, dar el tono a la narración...
¿Cómo definiría su generación literaria dentro de la novela negra?
No me considero un escritor típico de novela negra. He utilizado el género porque me convenía, pero en mi segunda novela me alejo completamente del género y toco temas más intimistas.
¿Le gusta ser crítico con su obra?
Soy muy crítico y nunca releo lo escrito una vez publicado. Creo que todo se puede mejorar.
¿Qué esconde el éxito?
El principio de un fracaso.
¿Escribir y publicar es su gran sueño?
Sí, y tener lectores que aprecien lo que haces y te sigan en tu carrera literaria.
El libro vive en el momento en que lo estamos leyendo. ¿Qué piensa de ello?
Es muy emocionante saber que otros lectores están interpretando a su manera lo que has escrito. Y te da muchas sorpresas escuchar sus opiniones.
¿Cuándo y cómo empezó a escribir?
Desde joven he querido escribir, pero no me veía capaz. Me lo tomé en serio cuando vi que tenía una historia y que quería contarla.
A escribir se aprende leyendo?
Sin duda alguna. No puede haber un buen escritor que no sea a su vez un buen lector.
Una vez que la idea se ha desarrollado en su cabeza, ¿cómo surge la trama?
Es cuestión de obsesionarse con la historia e ir visualizándola hasta que parece real. Y después corregir mucho.
Tener éxito no es una cuestión de medios, sino de fines. ¿Qué piensa al respecto?
La suma de fines y medios es lo ideal, aunque si tengo que escoger prefiero los fines.
¿Existe algún escritor maldito?
En el pasado, muchos. En la actualidad, lo dudo. Somos todos demasiado homogéneos.
La perfección tiene una relación directa con el éxito. ¿Consigue ambos casos?
No creo que haya una relación directa. Hay éxitos muy imperfectos. Es cuestión de mirar los libros más vendidos.
¿Cuál es la novela favorita?
No tengo una novela favorita, pero me gustan mucho las comprometidas, tipo Sostiene Pereira, de Tabucchi.
Lo más importante, ¿es el reconocimiento de su obra?
No, hay cosas más importantes, pero desde el punto de vista artístico, sí.
¿Le preocupa no aparecer en la lista de los escritores más vendidos del momento?
No, ya que conozco los factores que intevienen en la composición de esas listas. Me preocupa más que mi libro no se siga leyendo destro de diez años.
¿De dónde saca los temas?
De mis obsesione personales, de lo que me cuentan, de lo que leo...
¿Cómo es crecer al lado de unos personajes?
Muy excitante. Al final somos compañeros de fatigas que compartimos muchas horas de soledad juntos. Incluso nos respetamos, aunque no siempre.
¿Se ha planteado el fin de alguno de ellos para terminar una saga literaria?
Sí, claro. También deben morir como yo.
¿A qué aspira como escritor?
A divertirme escribiendo y a que mis lectores se emocionen conmigo.
¿Existe el crimen perfecto?
Sí, seguro.
En el plano personal, ¿cómo se definiría?
Como una persona inquieta intelectualmente, pero tranquila en lo personal. Sin demasiadas pretensiones.
Qué opina del siguiente símil: Escritor=Domador de palabras
Tiene bastante de verdad, aunque creo que primero se deben domar las ideas.
A los soldados el valor se les supone. A los escritores, se os supone la vanidad. ¿Qué piensa al respecto?
Algo de cierto hay, aunque creo que más importancia es la constancia.
¿Qué piensa de los premios literarios?
Que la mayoría están dados de antemano y que son puros reclamos comerciales de las propias editoriales que los otorgan, directa o indirectamente.
¿Tiene algún premio literario?
He quedado finalista de la Semana Negra de Gijón.
¿Cuál le gustaría ganar?
El Goncourt, pero sé que eso suena raro
¿Diría que hay un antes y un después en su trayectoria literaria?
Creo que con mi segunda novela, El patio inglés, hay un punto de inflexión. Veremos cómo evoluciono.
* Entrevista que nunca se llegó a publicar por cierre de la revista literaria.
Aunque no soy la persona más indicada, creo que intento escribir con un estilo propio, preciso, minimalista, donde cada palabra tenga un sentido definido.
De cuál de sus obras se siente más orgulloso.
Cada libro tiene su vida propia y ha compartido muchas horas conmigo. Creo que de los dos que he publicado hasta ahora, cada uno por distintos motivos.
Cuando escribe un libro cómo lo hace
Siempre con el ordenador. Lo que escribo a mano son apuntes de todo tipo que me puedan parecer interesantes para desarrollar después en la novela.
A veces pensamos que un libro que para nosotros es bueno resulta un fracaso editorial, y viceversa. ¿Por qué?
El sector editorial es muy injusto y manipulado, lo que hace que gente con gran calidad no destaque y gente bastante vulgar literariamente hablando llegue muy lejos.
Tiene algún ritual para ponerse a escribir?
No. Escribo donde puedo y cuando puedo, eso hace que sea pragmático. Cuando lo hago en mi oficina, a última hora de la tarde, cambio las luces para sentir que estoy en otro ambiente. Poco más.
El escritor vale lo que valen sus obras. ¿Está de acuerdo?
Las obras son el producto de la creatividad del escritor y creo que deben ser juzgadas con independencia de su autor. Aun así, también pienso que ahora los autores tienen mayor visibilidad y, por tanto, son juzgados por sus ideas fuera de su obra.
Sus novelas son de capítulos cortos. ¿Lo hace por darle más originalidad y rapidez a la narración?
Escribo de una manera muy sucinta, intentando centrarme en lo importante y dejando lo accesorio fuera. Y quiero mantener un ritmo.
Las flores de Baudelaire funcionan muy bien como fresco panorámico de una época. ¿El proceso de documentación ha sido fundamental?
En una novela con tintes históricos es necesario documentarse mucho para coger el tono. Y no es fácil. Por eso no me quise alejar más de cien años, porque nuestra mentalidad es muy similar a aquella época, dado que comienza la modernidad de la sociedad. Más lejos me hubiera sido imposible.
El transfondo del argumento de su novela es la convulsa industrialización de Bilbao. ¿Por qué eligió este tema?
Me interesa escribir y aprender al mismo tiempo. Y los comienzos del siglo XX son interesantísimos a nivel europeo y, por supuesto, español y vasco. Así que me pareció un buen contexto para introducir un crimen y conocer la ciudad, sus desigualdades, el mal... Además, tiene similitudes con los años 2000, cuando la riqueza y la especulación eran muy fáciles en nuestro país.
En el Ulises de James Joyce se aconseja leer primero el final, para la mejor comprensión de la obra. ¿Ocurre esto con alguna de sus obras?
El Ulises se puede leer de cualquier forma porque es un gran artefacto literario. En mi caso las novelas son más tradicionales, todo mucho más sensato.
¿Qué intenta que transmitan sus novelas?
Quiero que hagan pensar, que nos pongan en una situación determinada, no siempre cómoda. También que entretengan, claro.
¿Cuál es la parte más dura y complicada para escribir una novela?
Comenzar siempre es complicado. Saber dónde está la historia, encontrar la voz narradora, dar el tono a la narración...
¿Cómo definiría su generación literaria dentro de la novela negra?
No me considero un escritor típico de novela negra. He utilizado el género porque me convenía, pero en mi segunda novela me alejo completamente del género y toco temas más intimistas.
¿Le gusta ser crítico con su obra?
Soy muy crítico y nunca releo lo escrito una vez publicado. Creo que todo se puede mejorar.
¿Qué esconde el éxito?
El principio de un fracaso.
¿Escribir y publicar es su gran sueño?
Sí, y tener lectores que aprecien lo que haces y te sigan en tu carrera literaria.
El libro vive en el momento en que lo estamos leyendo. ¿Qué piensa de ello?
Es muy emocionante saber que otros lectores están interpretando a su manera lo que has escrito. Y te da muchas sorpresas escuchar sus opiniones.
¿Cuándo y cómo empezó a escribir?
Desde joven he querido escribir, pero no me veía capaz. Me lo tomé en serio cuando vi que tenía una historia y que quería contarla.
A escribir se aprende leyendo?
Sin duda alguna. No puede haber un buen escritor que no sea a su vez un buen lector.
Una vez que la idea se ha desarrollado en su cabeza, ¿cómo surge la trama?
Es cuestión de obsesionarse con la historia e ir visualizándola hasta que parece real. Y después corregir mucho.
Tener éxito no es una cuestión de medios, sino de fines. ¿Qué piensa al respecto?
La suma de fines y medios es lo ideal, aunque si tengo que escoger prefiero los fines.
¿Existe algún escritor maldito?
En el pasado, muchos. En la actualidad, lo dudo. Somos todos demasiado homogéneos.
La perfección tiene una relación directa con el éxito. ¿Consigue ambos casos?
No creo que haya una relación directa. Hay éxitos muy imperfectos. Es cuestión de mirar los libros más vendidos.
¿Cuál es la novela favorita?
No tengo una novela favorita, pero me gustan mucho las comprometidas, tipo Sostiene Pereira, de Tabucchi.
Lo más importante, ¿es el reconocimiento de su obra?
No, hay cosas más importantes, pero desde el punto de vista artístico, sí.
¿Le preocupa no aparecer en la lista de los escritores más vendidos del momento?
No, ya que conozco los factores que intevienen en la composición de esas listas. Me preocupa más que mi libro no se siga leyendo destro de diez años.
¿De dónde saca los temas?
De mis obsesione personales, de lo que me cuentan, de lo que leo...
¿Cómo es crecer al lado de unos personajes?
Muy excitante. Al final somos compañeros de fatigas que compartimos muchas horas de soledad juntos. Incluso nos respetamos, aunque no siempre.
¿Se ha planteado el fin de alguno de ellos para terminar una saga literaria?
Sí, claro. También deben morir como yo.
¿A qué aspira como escritor?
A divertirme escribiendo y a que mis lectores se emocionen conmigo.
¿Existe el crimen perfecto?
Sí, seguro.
En el plano personal, ¿cómo se definiría?
Como una persona inquieta intelectualmente, pero tranquila en lo personal. Sin demasiadas pretensiones.
Qué opina del siguiente símil: Escritor=Domador de palabras
Tiene bastante de verdad, aunque creo que primero se deben domar las ideas.
A los soldados el valor se les supone. A los escritores, se os supone la vanidad. ¿Qué piensa al respecto?
Algo de cierto hay, aunque creo que más importancia es la constancia.
¿Qué piensa de los premios literarios?
Que la mayoría están dados de antemano y que son puros reclamos comerciales de las propias editoriales que los otorgan, directa o indirectamente.
¿Tiene algún premio literario?
He quedado finalista de la Semana Negra de Gijón.
¿Cuál le gustaría ganar?
El Goncourt, pero sé que eso suena raro
¿Diría que hay un antes y un después en su trayectoria literaria?
Creo que con mi segunda novela, El patio inglés, hay un punto de inflexión. Veremos cómo evoluciono.
* Entrevista que nunca se llegó a publicar por cierre de la revista literaria.
jueves, 11 de junio de 2015
La precisión de El patio inglés
Opiniones que justifican todo el esfuerzo y animan a seguir peleando por la novela.
"El patio inglés es una novela escrita con enorme precisión léxica y expresiva, lo que determina la raza del escritor. Además, el tema es sumamente interesante, el suicidio de un hombre joven, así como las relaciones del muchacho con su padre. Todo ello viene subrayado por la efectiva forma de ir cambiando de narrador. La referencia al suicidio está magistralmente tramada, y me recuerda los cuentos de Horacio Quiroga, donde de un momento a otro se hace el gran vacío, creado por la muerte de alguien. En fin, una novela estupenda, que cumple los requisitos más exigentes, y además socialmente útil".
Germán Gullón, catedrático de literatura española y crítico,
"El patio inglés es una novela escrita con enorme precisión léxica y expresiva, lo que determina la raza del escritor. Además, el tema es sumamente interesante, el suicidio de un hombre joven, así como las relaciones del muchacho con su padre. Todo ello viene subrayado por la efectiva forma de ir cambiando de narrador. La referencia al suicidio está magistralmente tramada, y me recuerda los cuentos de Horacio Quiroga, donde de un momento a otro se hace el gran vacío, creado por la muerte de alguien. En fin, una novela estupenda, que cumple los requisitos más exigentes, y además socialmente útil".
Germán Gullón, catedrático de literatura española y crítico,
jueves, 4 de diciembre de 2014
Con segundas...
Ahora sí que sí. Oficial. El patio inglés sale con su segunda edición. Ha pasado poco más de un mes y volvemos a la carga. La novela está resultando pequeña pero matona. Muchas gracias a todos los que la habéis apoyado con vuestras reseñas, recomendaciones y comentarios. Sin ese cariño no hubiera sido posible llegar tan lejos. Y un recuerdo muy especial a Josep Forment, que creyó en este patio tan singular desde el primer momento.
martes, 25 de noviembre de 2014
Entrevista apócrifa
¿De qué trata la novela?
Es la crónica de una familia de clase
media en los años ochenta encarnada por un padre y un hijo. Una época muy
intensa desde el punto de vista político, económico y social en España y, en
especial, en el País Vasco.
Hay un hecho trágico que desencadena la historia...
Cierto, un decisión del hijo que rompe con
la armonía de la familia y que obliga a replantearse todo lo vivido y el futuro
más inmediato.
El planteamiento es original
Los protagonistas nos desvelan no solo los
hechos que suceden a la largo de la historia sino también los sentimientos
y emociones que éstos les provocan. En cada capítulo se cambia la
perspectiva, intercalando la visión de Pablo con la de su padre como
si de una conversación se tratase. Al ser los dos personajes los
narradores, construirán la historia desde su propio punto de vista, y
en consecuencia, parciales en sus respectivas narraciones.
¿Qué pretende con este texto?
Mostrar dos realidades confrontadas muy
diferentes. Vemos la vida de Pablo con toda su fuerza e ingenuidad, y la del
padre con toda su madurez y desencanto. Ambas nos son muy cercanas como
lectores, ya que todos hemos sido hijos y muchos somos padres.
Hay una extensa tradición literaria con esta temática generacional
Cierto. Se ha escrito mucho sobre los
hijos disconformes con sus padres, pero no tanto sobre la visión de los padres
con respecto de los hijos. He intentado reflejar ambas de una manera crítica y
neutral.
Así que no hay moraleja
No, en absoluto. He mostrado las
dificultades de comunicación entre padres e hijos, antes y ahora, así como la
dificultad de los seres humanos para comprenderse, para perdonarse, para
construir algo juntos. Escribo sobre la soledad dentro de la familia, la
cobardía ante la vida, la insatisfacción...Después, cada lector afrontará la
historia de Pablo y su padre con la suya propia y sacará las conclusiones que quiera.
¿Qué opina del suicidio?
Creo que toda persona inteligente ha pensado alguna
vez en suicidarse. No es un acto de cobardía, sino de rebeldía. Dicho esto
pienso que la muerte no es la solución de los males. Creo que hay que luchar
por la vida, a pesar de que nos desagrade, que nos ofenda en muchas ocasiones.
Ya habrá tiempo para morir.
viernes, 19 de septiembre de 2014
El patio inglés sale a escena
El patio inglés, mi nueva novela, sale a escena a partir del 13 de octubre de la mano de la editorial Alrevés. En esta ocasión cambio de registro hacia algo más personal. Es una historia íntima y universal sobre la vida, el desencanto
y el dolor. La novela centra su atención en los conflictos familiares,
en lo injusto de algunos planteamientos de nuestra sociedad, en la
dificultad para afrontar nuestro propio destino.
El protagonista,
Pablo, es un joven de los años ochenta que ha comenzado Derecho y que vive con
su familia en un piso que da a un patio inglés. Los fines de semana sale
con sus amigos a emborracharse, ha tenido alguna novia y forma parte de un
círculo literario que le ha permitido publicar un artículo bastante polémico en
un periódico. Sus padres le notan distante, apático y a vueltas con el
mundo, una actitud común en la gran mayoría de los adolescentes. Sin embargo, un
día, ante el asombro e incomprensión de sus progenitores, abre la ventana
del comedor y se lanza al vacío.
El patio inglés
combina dos monólogos interiores –padre e hijo– que relatan una dura historia
familiar, mezclando pensamientos íntimos, reproches mutuos, crítica social y
búsqueda de respuestas.
Esta novela se
suma a una larga tradición literaria –como Carta al padre, de Kafka o Demian,
de Herman Hesse–, donde las relaciones paternofiliales son causa de
incompresión permanente.
lunes, 27 de enero de 2014
La cultura y más*
Gonzalo
Garrido nació en 1963, quiere decir esto que forma parte de la
generación de 1959, aquella que forman las personas nacidas entre 1952 y
1966. Cuando esta generación llegó a los treinta años, entre 1982 y
1996, una serie de acontecimientos históricos nacionales e
internacionales han marcado su propuesta personal e intergeneracional a
nivel social: los sucesivos gobiernos del PSOE a nivel nacional, dando
lugar a la partitocracia turnista.
Se
produjo la entrada de España en la Unión Europea, entidad supranacional
que también tiene sus responsabilidades en las ineptitudes y
corrupciones de nuestro tiempo: recordemos que todos los fondos europeos
tienen que ser supervisados por la burocracia y los organismos de la
UE. Y acaeció la caída del muro de Berlín.
Gonzalo Garrido ha cosechado un gran reconocimiento literario a raíz de la publicación de su novela Las flores de Baudelaire (Alrevés Editorial), obra
que también está obteniendo unas importantes ventas. Hay que celebrar
que autores como él que aman la vocación de escritor estén rompiendo las
dificultades que en los últimos años rodean a las circunstancias de los
escritores que empiezan.
Durante
nuestra charla, Gonzalo Garrido me comenta que aprendió a amar la
escritura a través de la lectura de la excelente biblioteca de su padre.
¿Qué rol puede desempeñar el escritor en la sociedad?
La
sociedad ha cambiado mucho en los últimos años y el papel de los
escritores también. Hoy en día el escritor es uno más en el conjunto de
voces que pretenden influir en la realidad y su peso ha disminuido con
respecto a épocas pasadas no tan lejanas. Sin embargo, sigue jugando un
papel nada despreciable como interpretador de las grandes aspiraciones
humanas y de la situación del mundo actual. Sin su forma de ver el mundo
nuestras vidas serían más pobres.
Qué
temas consideras prioritarios que un literato a través del ensayo, la
novela, la poesía o los géneros periodísticos tiene que abordar en
nuestro tiempo.
Creo
que cada escritor debe escoger sus propios temas de interés dependiendo
de sus inquietudes y de su contexto personal. En mi caso, me interesa
mucho la crítica social porque creo que, ante la pérdida de objetividad y
neutralidad de los medios de comunicación, son los escritores los que
debemos cubrir esa zona con nuestras distintas voces.
¿Qué
actos estimas hay que llevar a cabo para que el escritor y el público
–la sociedad civil– tengan una relación más cotidiana?
Nada
fácil de conseguir. Las distracciones son muchas y la competencia con
otros soportes mucho menos exigentes, también. El interés por la novela
ha variado. Desde luego, el escritor tiene que ser consciente de que
debe atraer al lector y ofrecerle un producto de gran calidad. Para ello
es necesaria una buena dosis de profesionalidad y de honestidad con uno
mismo y con los demás. A partir de ahí, habrá que jugar con las redes
sociales, los clubs de lectura, la participación en conferencias, etc.
Vivimos
en un mundo con demasiados compartimentos estancos. ¿Cómo pueden
contribuir quien escribe y quien lee, quien actúa en un teatro o quien
va a verle a actuar para trazar puentes de colaboración?
Con
una actitud abierta, curiosa, deseosa de compartir conocimiento. Antes
los creadores estaban encerrados en sus torres de marfil y apenas se
relacionaban con sus lectores. Eran otros los que hacían esa labor, ya
fueran editores, críticos, libreros… Ahora todo eso no es suficiente. Es
el propio autor el que tiene que abrir un diálogo con sus
lectores/público para que conozcan, no sólo su obra, sino también sus
ideas y su forma de vida.
En
cualquier pueblo o ciudad de España, Europa o en otras partes del
mundo, contamos con magníficas bibliotecas, centros cívicos, teatros…
Hace unos días asistí a un acto de presentación de un libro de Albert
Camus con presencia de su traductora y de una nieta de Camus. La sala
estaba llena, pero apenas unas cinco personas tendrían entre los 18 y
los 25 años. ¿Qué hay que hacer para que la generación más joven se una y
tire con fuerza de actos como el citado?
No
lo veo fácil. En una sociedad como la española que desprecia la
cultura, con unos políticos incultos hasta límites insospechados, con
una televisión basura que alienta lo degradante, con una educación que
simplemente cumple el expediente, esperar que la juventud llene las
salas no parece razonable. La cultura es un trabajo de décadas, muy
difícil de construir y muy sencillo de destruir. Hay que hacer toda una
labor pedagógica previa donde deben estar implicadas instituciones,
empresas y personas…
En
EEUU, los intelectuales de prestigio desde hace décadas escriben en
revistas especializadas, dejando al margen a la prensa de masas. En
España, se tendió hacia la prensa generalista. ¿Qué publicaciones
híbridas se pueden hacer para acercar sus reflexiones al gran público?
No
creo en acciones lineales, sino en la suma de muchas iniciativas que
puedan mejorar la relevancia del autor y su valoración. En ese sentido,
pienso que lo importante es tener contenido propio que pueda ser
expuesto en distintos formatos a los potenciales lectores. Los medios
son facilitadores y deberían estar muy implicados, dedicar más páginas a
estos temas, fomentar a los nuevos creadores, pero también otro tipo de
organizaciones como las universidades, etc.
¿Qué
análisis haces de los medios digitales en la difusión de la labor del
escritor en esta época y su comunicación con sus conciudadanos?
Fundamentales.
Creo que estamos viviendo una revolución que todavía no alcanzamos a
entender y para la que no contamos con perspectiva suficiente, pero
estoy seguro que los medios digitales jugarán un papel determinante en
los próximos años porque facilitan la creatividad sin conllevar grandes
desembolsos económicos. Eso es un gran cambio con respecto a otras
épocas.
¿Qué literatos del pasado y actuales consideras que han realizado y realizan una labor valiosa a nivel cívico, y por qué?
Hay
muchos escritores con una gran carga de responsabilidad social, pero me
gustaría destacar por su influencia en mi forma de ver el mundo y de
escribir a alguien que has mencionado antes, a Albert Camus. Para mí fue
una revelación por su compromiso democrático, por su independencia y
por su capacidad creadora.
Sobre qué te gustaría hablar que no hayamos hablado.
Sobre la propia creación literaria, pero lo dejamos para otro día.
jueves, 8 de noviembre de 2012
miércoles, 17 de octubre de 2012
jueves, 20 de septiembre de 2012
Las flores de Baudelaire van a Francia
Hay noticias que animan en la carrera literaria de cualquier persona que empieza. Ésta es una de ella. Las flores de Baudelaire ha sido preseleccionada por el Festival de “La Primera Novela” de Chambéry (Francia). Este festival, que celebra su 26 edición, se organiza todos los años en el mes de mayo y tiene como objetivo descubrir a nuevos talentos de la narrativa en distintos idiomas. Así, distingue a autores hispanoparlantes, italianos, alemanes, anglófonos y portugueses. La originalidad del mismo viene dado por el hecho de que son los lectores los que votan a sus novelas preferidas después de una temporada de lecturas.
El Festival de Chambéry es único en su género. Desde 1987, ha servido de plataforma para descubrir nuevos nombres. Michel Houellebecq o Amélie Nothomb pasaron por Chambéry. Hace quince años el festival se abrió a toda Europa.
Espero que el espíritu de Baudelaire acompañe a mis flores.
El Festival de Chambéry es único en su género. Desde 1987, ha servido de plataforma para descubrir nuevos nombres. Michel Houellebecq o Amélie Nothomb pasaron por Chambéry. Hace quince años el festival se abrió a toda Europa.
Espero que el espíritu de Baudelaire acompañe a mis flores.
jueves, 13 de septiembre de 2012
lunes, 3 de septiembre de 2012
Segunda edición de Las flores de Baudelaire
Escribir es un trabajo duro. Soledad, cansancio, escepticismo son estados de animo que acompañan a toda obra literaria. También, ¡cómo no!, alegría, satisfacción y euforia. Además, una vez finalizado el libro vienen los aspectos relacionados con la búsqueda de editorial, la propia edición y, por supuesto, su posterior venta. Todo un proceso que lleva años y que parece que nunca acaba, sobre todo cuando se es primerizo. ¡Hay tantos puntos de espera en el camino! ¡Hay tantos escollos, propios y ajenos! Sin embargo, la constancia hace que ese camino se vaya desbrozando y acabe en un elemento físico (y/o digital) que se llama libro. Y que ese artefacto sea adquirido por lectores curiosos que lo interpretan a su manera y en los que deja toda una gama de sabores. Hay algo de especial en ello. Por eso tantas personas queremos escribir y publicar. Y queremos hacerlo en igualdad de condiciones que el resto de los escritores, aspecto nada fácil por el propio funcionamiento de la industria editorial. Por esa razón llegar a una segunda edición en plena crisis, con tantos libros publicados, en medio de una revolución digital, es un éxito y la recompensa del trabajo bien hecho de todo un equipo de personas (editores, distribuidores y libreros) que ha apostado por ese título y lo han defendido ante otras opciones que buscan su espacio y sus propios lectores. Y también de aquellos medios, blogueros y lectores que han creído en la novela y la han recomendado a otras personas. Gracias a todos. Sin vuestro a apoyo llegar a tanta gente no hubiera sido posible.
martes, 10 de julio de 2012
En el mundo editorial nos falta imaginación*
Las flores de Baudelaire (Alrevés) es la primera novela de Gonzalo Garrido (Bilbao, 1963). En ella mezcla un siniestro crimen, con un fotógrafo de prensa reconvertido en investigador y la alta burguesía. Todo, en el Bilbao de principios del siglo XX. Es el año 1917, una época que para el autor es de las que menos conocemos de la historia y que guarda bastante similitudes, dice, con la actual.
Garrido cree que en las editoriales pesa mucho las cuentas de resultados. /E. MORENO ESQUIBEL
P. A partir de la afirmación anterior, ¿Qué desconocemos de esa época que le sirve como escenario de su libro? ¿En qué se parece a la actual?
R. No diría que es una de las épocas más desconocidas, ya que en el pasado hay muchas otras, pero sí que lo es de la historia reciente, de una historia que ha marcado todo el siglo XX. Desconocemos que fue una época de “globalización” en la que las personas comenzaron a viajar, en la que un Imperio como el Británico favoreció y controló el comercio de mercancias, en la que los avances tecnológicos fueron muy relevantes como el vapor, el coche, el avión, el teléfono o la electricidad. Pero, sobre todo, fue una época en la que nadie pensaba que el progreso podría acabar en una guerra mundial. Nadie vislumbraba la barbarie que se avecinaba.
Cuando escribía la novela estábamos viviendo los años de boom inmobiliario, de la riqueza fácil, y yo presentía que eso no podía ser bueno, que no era sostenible, que estaba sacando lo peor de nosotros. Y quise buscar otra época cercana similar. Me fije en los años previos a la Primera Guerra Mundial y, sobre todo, durante la guerra. Entonces el mineral de hierro permitió crear grandes fortunas en el País Vasco y la neutralidad española también facilitó ganancias exageradas a costa del dolor ajeno. Era el marco ideal para construir la novela. He de decir que, tras la guerra, España entró en una profunda crisis similar a la actual por no haber aprovechado la coyuntura para mejorar su competitividad frente a otros países.
P. ¿Hay lecciones que no hemos aprendido de esa época y que hacen que ahora atravesemos por un momento delicado en cuestiones económicas, políticas y sociales? Por ejemplo, ¿la traición?
R. La lección fundamental es que no aprendemos de los errores, que no fortalecemos el espíritu crítico de nuestra sociedad, que no educamos para compartir el poder de manera democrática, cualquiera poder. Y claro, los seres humanos somos egoístas y abusamos si nadie nos controla, si no hay por detrás unas normas reguladoras, unas instituciones, una civilización que nos alejen de la selva. Aun así el mal en sus distintas manifestaciones siempre está ahí, es parte de nosotros, esperando que nos relajemos para saltar. Y, como dice la contraportada de la novela, todos hemos sido traidores en algún momento de nuestras vidas.
P. ¿En qué gremio se encuentran hoy los principales traidores del día a día?
R. En el mundo político y financiero por lo que supone de abuso, manipulación y distorsión de la realidad. En relación con la situación actual, creo que es una tragedia que muchas industrias, entre ellas la editorial, estén manejadas por financieros en detrimento de otro tipo de perfiles profesionales. Sólo les interesa el beneficio a corto plazo. Y eso es intolerable desde el punto de vista social.
P. ¿Se fijó en alguno de ellos para elaborar los personajes del libro?
R. Sí y no. En el libro hay personajes de toda calaña y en todos los estratos de la sociedad. El mal da para mucho.
P. Volvamos a 1917. Mejor dicho a la búsqueda de información que hizo para documentar la novela. ¿Qué datos encontró que le sorprendieran?
R. Me sorprendió lo parecido que eran ambas épocas. Agresividad y corrupción política, conflictividad social, clericalismo y anticlericalismo, peleas, malos tratos… Todo con gran apasionamiento de la población. No hemos cambiado tanto, por desgracia.
P. ¿Usted calificaría su novela como “negra”?
R. Pienso que es más una novela de intriga con una alto componente psicológico y de denuncia social. Pero es cierto que mucha gente la cataloga como negra.
P. Decía en una entrevista que concedió: “Piensa que a la semana salen unas doscientas novelas al mercado y el librero tiene que escoger y elegir lo que coloca en su librería”.
R. Es duro, pero es así. El librero tiene que elegir porque no le caben en su espacio. Y los libros duran muy poco tiempo en las estanterías. En cualquier caso, no seré yo quien diga que sobran libros. Me parece tremenda esa afirmación. Lo que creo es que faltan lectores y que todo el esfuerzo debería estar encaminado a aumentar el número y la frecuencia de lectura de los ciudadanos. Tenemos 400 millones de potenciales lectores. Vayamos a por ellos.
P. ¿Por qué se lanza un asesor de comunicación en cuestiones económicas al ruedo de la publicación de libros y con una temática diferente a la que trata a diario?
R. De día soy asesor y defiendo. De noche soy escritor y ataco. Son dos formas de ver el mundo. Escribo para vengarme poéticamente de las injusticias que veo a mi lado. Creo que los escritores debemos intervenir aunque nuestra intervención no despierte mucho interés. Es un compromiso personal.
P. La jugada le salió bien, ¿no? Una editorial apostó por usted y la crítica le ha acogido con cariño. ¿Si le decimos que es un tipo afortunado erramos?
R. Siempre me he considerado un tipo afortunado, incluso en los momentos difíciles. Es cuestión de comparar y ver cómo está el mundo. Pero también soy muy trabajador, muy constante. Nunca nadie me ha venido a buscar, he sido yo el que me he peleado por salir adelante. Y ahora lucho para encontrar a mis lectores.
P. Y lo que es mejor. Eduardo Mendoza le dedicó las siguientes palabras: «Una intriga bien contada que acaba envolviendo a la sociedad bilbaína y, lo que es más importante, al lector. ¡ Un hurra por el autor! ». ¿Qué le vino a la cabeza cuando leyó esta afirmación?
R. No me lo creía. Las tuve que leer varias veces. Sobre todo, me sorprendió la última afirmación. Que alguien de la categoría de Eduardo me elogiase como escritor fue emocionante. Desde luego, le debo mucho.
P. Cambio de tercio. Hablemos de la situación en el mundo editorial. ¿Complicada?
R. Sí, pero muy excitante. Hay en marcha una revolución que va a transformar el ecosistema editorial y que, creo, va a democratizar el escenario. Ya nadie tiene el control del sistema. Habrá que interactuar. Y eso es enriquecedor. Además, nunca ha habido tantos lectores en España y creo que la tendencia va a continuar. Lo que es cierto es que se leerá en distintas plataformas, con soportes muy diferentes, y que habrá piratería. Por otra parte, se comenzará a leer en comunidad gracias a las redes sociales. Todo eso va a modificar la forma de hacer literatura.
P. ¿Y cree que hay alguna solución que se pueda aplicar y que aún no esté en marcha?
R. Sin duda. Una de las cosas que más nos falta es la imaginación. En la industria editorial, también. Probablemente ha vivido demasiado bien, ha ganado mucho dinero en los últimos años y ha crecido desproporcionadamente. Ahora debe reinvertarse. Debería haberlo hecho durante las vacas gordas. Tendrá que hacerlo con las flacas.
P. ¿Nos venden contenidos demasiado edulcorados?
R. Como siempre hay de todo, pero en líneas generales, en las grandes editoriales, la cuenta de resultado pesa mucho y no apuestan más que por libros seguros. Eso hace que se busque un tipo de escritor, de novela, de lector, etc. Y cuando se da con un bestseller, pues todos intentan imitar el modelo para ver si reproducen ese éxito hasta la saciedad. Y no suele funcionar, pero inundan las librerías de títulos de esas características, en vez de buscar nuevos temas o talentos. Es más fácil copiar.
P. Le decíamos antes que una editorial apostó por usted. ¿Qué le parecen las alternativas para publicar que están surgiendo ahora como el crowdfunding? ¿Probaría?
R. Creo que es una de esas herramientas inteligentes que se abren con los nuevos tiempos. Me parece muy interesante, con una gran potencialidad. De hecho ya he colaborado como patrocinador con alguna iniciativa literaria que he creído de interés. Al mismo tiempo, diría que no es para todo tipo de producto. Tiene que haber una lógica para usarlo, algo innovador, que el mercado habitual no lo cubra. Y sí lo probaría si tuviera una idea que encajase con esa lógica de la que hablo.
* Libros.com
Garrido cree que en las editoriales pesa mucho las cuentas de resultados. /E. MORENO ESQUIBEL
P. A partir de la afirmación anterior, ¿Qué desconocemos de esa época que le sirve como escenario de su libro? ¿En qué se parece a la actual?
R. No diría que es una de las épocas más desconocidas, ya que en el pasado hay muchas otras, pero sí que lo es de la historia reciente, de una historia que ha marcado todo el siglo XX. Desconocemos que fue una época de “globalización” en la que las personas comenzaron a viajar, en la que un Imperio como el Británico favoreció y controló el comercio de mercancias, en la que los avances tecnológicos fueron muy relevantes como el vapor, el coche, el avión, el teléfono o la electricidad. Pero, sobre todo, fue una época en la que nadie pensaba que el progreso podría acabar en una guerra mundial. Nadie vislumbraba la barbarie que se avecinaba.
Cuando escribía la novela estábamos viviendo los años de boom inmobiliario, de la riqueza fácil, y yo presentía que eso no podía ser bueno, que no era sostenible, que estaba sacando lo peor de nosotros. Y quise buscar otra época cercana similar. Me fije en los años previos a la Primera Guerra Mundial y, sobre todo, durante la guerra. Entonces el mineral de hierro permitió crear grandes fortunas en el País Vasco y la neutralidad española también facilitó ganancias exageradas a costa del dolor ajeno. Era el marco ideal para construir la novela. He de decir que, tras la guerra, España entró en una profunda crisis similar a la actual por no haber aprovechado la coyuntura para mejorar su competitividad frente a otros países.
P. ¿Hay lecciones que no hemos aprendido de esa época y que hacen que ahora atravesemos por un momento delicado en cuestiones económicas, políticas y sociales? Por ejemplo, ¿la traición?
R. La lección fundamental es que no aprendemos de los errores, que no fortalecemos el espíritu crítico de nuestra sociedad, que no educamos para compartir el poder de manera democrática, cualquiera poder. Y claro, los seres humanos somos egoístas y abusamos si nadie nos controla, si no hay por detrás unas normas reguladoras, unas instituciones, una civilización que nos alejen de la selva. Aun así el mal en sus distintas manifestaciones siempre está ahí, es parte de nosotros, esperando que nos relajemos para saltar. Y, como dice la contraportada de la novela, todos hemos sido traidores en algún momento de nuestras vidas.
P. ¿En qué gremio se encuentran hoy los principales traidores del día a día?
R. En el mundo político y financiero por lo que supone de abuso, manipulación y distorsión de la realidad. En relación con la situación actual, creo que es una tragedia que muchas industrias, entre ellas la editorial, estén manejadas por financieros en detrimento de otro tipo de perfiles profesionales. Sólo les interesa el beneficio a corto plazo. Y eso es intolerable desde el punto de vista social.
P. ¿Se fijó en alguno de ellos para elaborar los personajes del libro?
R. Sí y no. En el libro hay personajes de toda calaña y en todos los estratos de la sociedad. El mal da para mucho.
P. Volvamos a 1917. Mejor dicho a la búsqueda de información que hizo para documentar la novela. ¿Qué datos encontró que le sorprendieran?
R. Me sorprendió lo parecido que eran ambas épocas. Agresividad y corrupción política, conflictividad social, clericalismo y anticlericalismo, peleas, malos tratos… Todo con gran apasionamiento de la población. No hemos cambiado tanto, por desgracia.
P. ¿Usted calificaría su novela como “negra”?
R. Pienso que es más una novela de intriga con una alto componente psicológico y de denuncia social. Pero es cierto que mucha gente la cataloga como negra.
P. Decía en una entrevista que concedió: “Piensa que a la semana salen unas doscientas novelas al mercado y el librero tiene que escoger y elegir lo que coloca en su librería”.
R. Es duro, pero es así. El librero tiene que elegir porque no le caben en su espacio. Y los libros duran muy poco tiempo en las estanterías. En cualquier caso, no seré yo quien diga que sobran libros. Me parece tremenda esa afirmación. Lo que creo es que faltan lectores y que todo el esfuerzo debería estar encaminado a aumentar el número y la frecuencia de lectura de los ciudadanos. Tenemos 400 millones de potenciales lectores. Vayamos a por ellos.
P. ¿Por qué se lanza un asesor de comunicación en cuestiones económicas al ruedo de la publicación de libros y con una temática diferente a la que trata a diario?
R. De día soy asesor y defiendo. De noche soy escritor y ataco. Son dos formas de ver el mundo. Escribo para vengarme poéticamente de las injusticias que veo a mi lado. Creo que los escritores debemos intervenir aunque nuestra intervención no despierte mucho interés. Es un compromiso personal.
P. La jugada le salió bien, ¿no? Una editorial apostó por usted y la crítica le ha acogido con cariño. ¿Si le decimos que es un tipo afortunado erramos?
R. Siempre me he considerado un tipo afortunado, incluso en los momentos difíciles. Es cuestión de comparar y ver cómo está el mundo. Pero también soy muy trabajador, muy constante. Nunca nadie me ha venido a buscar, he sido yo el que me he peleado por salir adelante. Y ahora lucho para encontrar a mis lectores.
P. Y lo que es mejor. Eduardo Mendoza le dedicó las siguientes palabras: «Una intriga bien contada que acaba envolviendo a la sociedad bilbaína y, lo que es más importante, al lector. ¡ Un hurra por el autor! ». ¿Qué le vino a la cabeza cuando leyó esta afirmación?
R. No me lo creía. Las tuve que leer varias veces. Sobre todo, me sorprendió la última afirmación. Que alguien de la categoría de Eduardo me elogiase como escritor fue emocionante. Desde luego, le debo mucho.
P. Cambio de tercio. Hablemos de la situación en el mundo editorial. ¿Complicada?
R. Sí, pero muy excitante. Hay en marcha una revolución que va a transformar el ecosistema editorial y que, creo, va a democratizar el escenario. Ya nadie tiene el control del sistema. Habrá que interactuar. Y eso es enriquecedor. Además, nunca ha habido tantos lectores en España y creo que la tendencia va a continuar. Lo que es cierto es que se leerá en distintas plataformas, con soportes muy diferentes, y que habrá piratería. Por otra parte, se comenzará a leer en comunidad gracias a las redes sociales. Todo eso va a modificar la forma de hacer literatura.
P. ¿Y cree que hay alguna solución que se pueda aplicar y que aún no esté en marcha?
R. Sin duda. Una de las cosas que más nos falta es la imaginación. En la industria editorial, también. Probablemente ha vivido demasiado bien, ha ganado mucho dinero en los últimos años y ha crecido desproporcionadamente. Ahora debe reinvertarse. Debería haberlo hecho durante las vacas gordas. Tendrá que hacerlo con las flacas.
P. ¿Nos venden contenidos demasiado edulcorados?
R. Como siempre hay de todo, pero en líneas generales, en las grandes editoriales, la cuenta de resultado pesa mucho y no apuestan más que por libros seguros. Eso hace que se busque un tipo de escritor, de novela, de lector, etc. Y cuando se da con un bestseller, pues todos intentan imitar el modelo para ver si reproducen ese éxito hasta la saciedad. Y no suele funcionar, pero inundan las librerías de títulos de esas características, en vez de buscar nuevos temas o talentos. Es más fácil copiar.
P. Le decíamos antes que una editorial apostó por usted. ¿Qué le parecen las alternativas para publicar que están surgiendo ahora como el crowdfunding? ¿Probaría?
R. Creo que es una de esas herramientas inteligentes que se abren con los nuevos tiempos. Me parece muy interesante, con una gran potencialidad. De hecho ya he colaborado como patrocinador con alguna iniciativa literaria que he creído de interés. Al mismo tiempo, diría que no es para todo tipo de producto. Tiene que haber una lógica para usarlo, algo innovador, que el mercado habitual no lo cubra. Y sí lo probaría si tuviera una idea que encajase con esa lógica de la que hablo.
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