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jueves, 9 de febrero de 2012

Siempre Granite & Rainbow

Me gusta la gente atrevida. Siempre he creído que la sociedad debe saber reconocer la labor de las personas que luchan por sus sueños. Siempre he pensado que las sociedades avanzadas son aquellas que apoyan a sus nuevas generaciones. Siempre he imaginado una sociedad activa que no dependa para todo de las subvenciones y del servilismo político. Siempre he querido que las personas seamos capaces de organizarnos y de dotarnos de instrumentos democráticos para llevar a cabo nuestros objetivos. 
Por eso apoyo el proyecto de Granite & Rainbow. Por eso me gusta la libertad de creación. Por eso os pido que respaldéis, dentro de vuestras posibilidades, sus ilusiones.
Me gusta el equipo humano de Granite & Rainbow. Gracias. 

miércoles, 12 de octubre de 2011

Diario de un escrito (17) y Final

Diario de un escrito se despide de este blog tras acompañar durante nueve meses al folletín Asesinato en la ciudad del diseño. Ambos escritos tenían un carácter experimental y complementario. Por un lado, deseaba distraer mi tensión diaria con una novela por capítulos (semanales) con todos los componentes de la literatura basura (intriga, sexo, manipulación, etc.) que me divirtiera. Por otro, quería reflejar algunos apuntes al respecto. Ambos propósitos han sido cumplidos con poco rigor, como suele ocurrir. La novela ha chocado con la incompetencia del protagonista que no ha sabido llevar la investigación con buen ritmo y desentrañar los enigmas planteados con dignidad. Por ello, le he tenido que despedir, aunque mi primera tentación fue matarle en acción (una editora amiga me propuso romperle las piernas, sin más). En cuanto al Diario ha sido la constatación de una corrupción literaria desde el principio porque estaba obsesionado con agradar a la única lectora que me seguía y me hacía comentarios [y que por cierto me abandonó allá por el capítulo 30]. Además, en medio de la narración me di cuenta que ningún sello editorial iba a publicar a una persona tan machista como Malpartida en estos tiempos que corren donde todo es corrección [jóvenes comprometidos, mujeres que cosen, ancianos que sacrifican sus vidas cuidando nietos, etc] y quise cambiarle de personalidad sobre la marcha, creando un monstruo de investigador. 
En cualquier caso todo este esfuerzo ha servido para descubrir varios aspectos relacionados que paso a compartir.
- Escribir literatura basura no es tan fácil como algunos quieren pensar. Tampoco tan difícil, claro.
- Leer una novela en un blog no es buena idea por la dificultad del medio. No se hace amable.
- Separar los capítulos por semanas tiene su gracia como idea pero es poco práctico. No vivimos en el siglo XIX donde todo pasaba por los periódicos. La atención y el interés es muy difícil de mantener, aun cuando echase algún polvo el protagonista. 
En fin, que de todo se aprende. A partir de ahora, Asesinato en la ciudad del diseño pasa a boxes para reconvertirse en La ciudad del diseño. Esperemos que mejore sustancialmente. 

sábado, 8 de octubre de 2011

Diario de un escrito (16)

Hoy he recibido un amable mail de una editora española. Me dice que está preocupada por mi decisión de matar al protagonista de mi folletín dominical Asesinato en la ciudad del diseño. Me comenta que no le ha seguido del todo la pista al detective Malpartida, pero que en cualquier caso es pésima política literaria quedarte sin protagonistas. Después, cuando interesa por razones comerciales, cuesta mucho resucitarlos. Sobre todo, en estos momentos de trilogías u cuatrilogías [¿se dice así?] con tantos anormales sueltos que venden miles de ejemplares. 
Sus razones son contundentes. En el mundo editorial conviene la repetición y que el lector se identifique con un entorno literario, ya que nuestra capacidad de interés y concentración ha bajado. En este sentido, me aconseja que sólo le parta las dos piernas para que aprenda a comportarse en público y no siga a todas las mujeres de la historia. Me ha facilitado la dirección de un par de matones utilizados por su editorial. Por último, me ha indicado que no me preocupe por el escaso nivel de la obra. Me ha confirmado que la narrativa española está bajando de calidad a marchas forzadas y que en un par de años mi novela estará a la altura.
Gracias, amiga. No tengo más que palabras de reconocimiento.

martes, 27 de septiembre de 2011

Diario de un escrito (15)

Nunca resulta fácil despedirse de una historia y de unos personajes. Son tantas horas pensando y manipulando para que todo case que dejan un poso dentro del autor, igual que dentro del narrador. Ya nada es igual que antes. Ambos han cambiado. Puede que hasta hayan mejorado. Por supuesto todo son quejas. Del protagonista, de los personajes secundarios, de hacienda, de todos aquellos que creen que detentan algún derecho. También de los lectores, sí, que se suelen sentir decepcionados. Pero todo llega. Incluso en la literatura basura. Por eso nuestro común amigo Malpartida cesará sus actividades en dos capítulos. Todavía no se sabe cuál será su final, pero todos estamos convencidos de que no será nada digno. Si son creyentes, les pediría una plegaria.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Diario de un escrito (14)

Ignoro si un autor tiene derecho a cansarse de sus personajes y a matarlos en medio de la trama (o al final de la misma). No es una cuestión de legalidad, es una cuestión de ética. ¿Es lícito matar?  ¿No dicen que es pecado? ¿Matarías a un hijo?
Lo digo porque hay personajes que se merecen un castigo ejemplar. Generalmente han desobedecido al autor y han tomado iniciativas propias desbaratando la historia o dejándole en ridículo ante sus lectores. 
En mi caso se debe a la inoperancia del protagonista, un detective de segunda que tiene muchas similitudes con los escritores de segunda: el caso le queda grande. Y tiene pinta de que no va a cambiar en los últimos capítulos. Tiempo al tiempo.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Diario de un escrito (13)

Ya sabemos que el escritor de literatura basura no sufre. Es un ser que no necesita inspiración, que todo lo realiza sin apenas esfuerzo, con esa facilidad que le da la falta de imaginación y de ética. La historia es vulgar; la ciudad, aburrida; los personajes, de cartón piedra; la pistola, falsa... y con toda probabilidad, los polvos también serán de mentira. Además, para darle realce, quizá aparezcan en medio de la trama algunos fantasmas ingrávidos o un ejercito enemigo e incluso el mismo Pinochet en persona. 
Y sin embargo el escritor no es feliz. 

miércoles, 24 de agosto de 2011

Diario de un escrito (12)

Hoy ha vuelto Malpartida de vacaciones. Lo he encontrado desmejorado, pálido, delgado, como si salir de La Ciudad no le hubiera sentado bien. Parece que no estuvo en Tailandia. 




Tampoco en Madrid. Ha pasado unos días en un hotel estilo Thai en Benidorm (ya le pega al hortera). Me ha dicho que horrible, que no había más que parejas haciéndose carantoñas y metiéndose mano. Y él no está para esas cosas en la vida real, sólo en la ficción. Encima le hacían daño en los masajes.
En cualquier caso hemos tenido una conversación de hombre a hombre. Le he dicho que no podía irse adonde quisiera sin pedirme permiso, que somos socios en esta aventura literaria y que si no me salvo yo, tampoco se salva él (cita de Ortega y Gasset). Además, esos viajes cuestan mucho dinero y todavía no ha cobrado de la viuda el cien por cien de sus honorarios. Por otra parte, le he he comentado que los lectores están por encima de todo, incluso de nuestras familias. Lo ha entendido a medias. Me ha comentado que necesitaba un descanso, que la situación de su hija le estaba sobrepasando y que de Eva no podía esperar nada porque andaba preparando una exposición con unos japoneses chiflados. 
En su favor debo decir que ha seguido investigando desde la distancia y que pronto habrá novedades. Prefiero no imaginar.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Diario de un escrito (11)

De nuevo me ha mentido. Ya me había ocurrido antes, pero pensaba que con los meses que estamos conviviendo juntos esa tendencia desaparecería. Pero no es así. Malpartida es un mentiroso patológico. No ha ido a Tailandia. Como lo oyen. Quizá lo haga para demostrar que también sabe viajar a sitios exóticos sin mí. Me da igual.



Parece que anda por Madrid. Hoy me ha llamado la policía para decirme que le habían detenido en el desalojo del 15M, que a ver qué hacían con él ya que no tenía derechos civiles. Les he comentado que le metan en el calabozo un par de días. Que aprenda.
¿Qué puede hacerse con un personaje que miente a su autor? 

jueves, 14 de julio de 2011

Diario de un escrito (9)

Estimados amigos/as, 
Tengo que renunciar de momento a seguir con este blog. Mi personaje preferido, Malpartida, ha decidido irse de vacaciones con su hija (que no les pase nada). Supongo que quizá también Eva les acompañe. E incluso el novio con los pendientes. Nunca se sabe con estos individuos tan poco maduros emocionalmente. 
Además, ya no hay respeto ni por el lector ni por el autor. Todo el mundo piensa que es dueño de su vida, aunque sea ficticia. Así nos va. 
Yo por mi parte, me dispongo a encontrarle y recordarle sus obligaciones dominicales. Espero que, en las siguientes semanas, vuelva para seguir contando cómo avanza la resolución del caso.

sábado, 18 de junio de 2011

Diario de un escrito (8)

La vida del escritor es terrible. Generalmente está encerrado y a nadie le interesa lo que hace. Y si le interesa a alguien es para criticarlo. 
Ahora me entero que la vida de protagonista de novela también es terrible porque está cercenada por la mente estúpida del narrador. Generalmente los protagonistas son mucho más inteligentes que sus creadores, pero tienen que comportarse como tontos para no desentonar, para no dejar en evidencia al jefe. 
Además el autor suele reproducir sus vivencias sin apenas aditivos. Al menos eso es lo que dicen todos los que le conocen. Así, como él suele ser un hombre infeliz, sus personajes son desgraciados. Como él suele ser un hombre feo, sus personajes son poco atractivos. Como él suele ser mezquino, sus personajes son pobres diablos. Aunque también ocurre lo contrario y pasa a ser feliz, guapo y generoso. 
Esa vinculación intrínseca hace que literatura se convierta en un cúmulo de gestos fatuos llenos de insinceridad.
Es terrible cansarse del autor. También es terrible cansarse del protagonista. 

sábado, 11 de junio de 2011

Diario de un escrito (7)

Tengo que reconducir a Malpartida a marchas forzadas. Soy consciente de que el tiempo se me acaba y sigue siendo un personaje odioso (las lectoras ya me lo dicen sin tapujos). Me está dando demasiados problemas y pocas satisfacciones. Además, no es tan ligón como me aseguraba cuando comencé la historia. Yo pensaba que iba a aprender algo de sexo con él y veo que es un fanfarrón. Tiene algo de adolescente inmaduro que nunca ha asumido su papel en la vida. Y el trato a su hija le puede llevar al juzgado de guardia. A él y a mí, que siempre hay algún cariñoso lector que denuncia al escritor como autor del hecho.
Lo gracioso del tema es que me estoy obsesionando con el protagonista y todavía no he solucionado el caso. ¿Será verdad que Mato fue asesinado? ¿Y si no existió Mato? ¿Y si Mato es sólo una metáfora de nuestra sociedad corrompida? Dios mío, ¿quién afirmaba que era fácil escribir literatura basura?

martes, 31 de mayo de 2011

Diario de un escrito (6)

Los problemas literarios han comenzado hace tiempo, casi desde que comencé el folletín de marras. Ahora comienzan los extraliterarios. Me explico. Presentar a los personajes principales puede tener su gracia, pero algunos lectores se están poniendo impacientes. Quieren acción, quieren adivinar el asesino. Y me amenazan con dejar de leer si no pongo sobre la mesa a todos los sospechosos cuanto antes. A mí me parecería bien si supiese quién lo mató o, al menos, confiase en Malpartida, pero no es así. 
Por otra parte, Malpartida está teniendo un comportamiento machista que me está enemistando con todas la mujeres del mundo, incluida su hija. Hasta ahora lo defendía porque me daba un poco de pena, pero desde hace un par de semanas yo también me meto con él. Qué se joda, que se busque su propia abogado.
Para finalizar, mis lectores me acusan a mí, como autor, de no conocer la mentalidad femenina, cuando yo no tengo nada que ver con el asunto, lo puedo asegurar (aparte de no conocer a las mujeres, claro, pero como todos los hombres, ni más ni menos).

jueves, 19 de mayo de 2011

Cambios en la biblioteca

¡Cómo ha cambiado el panorama editorial en los últimos años! Nombraba en otra parte de este blog las editoriales en las que confiaba mi padre. Hablaba de Alianza Editorial, de Espasa (Austral), de Destino, de Aguilar, como platos fuertes de su colección. También libros en inglés y en francés. Pequeños destellos más. Y algo chocante, apenas ningún Planeta, colección que a mi padre le parecía poco interesante y que sólo leía vía regalo de cumpleaños o de Navidad.
En los anaqueles más recientes, empieza a vislumbrarse algunos volúmenes de las nuevas editoriales como Anagrama o Tusquets, pero de manera muy incipiente, con prudencia, como con cierta desconfianza.
Pienso que mi padre se quedó en medio del corte generacional de editores. Los viejos fueron desapareciendo –murieron, quebraron o fueron absorbidos– y nacieron nuevos sellos con otros enfoques, otras inquietudes, distintas maneras.
Lo más seguro es que, un hombre con tantas inquietudes, dejase de comprar libros a finales de los ochenta y principios de los noventa, cuando sufrió un infarto cerebral. Es ahí donde se atascó, quizá, su interés literario y, tal vez, su interés vital, y se conformó con releer aquello que ya sabía que le producía placer.

jueves, 5 de mayo de 2011

Un regalo con segundas

Siempre he odiado los cumpleaños. En especial, desde que he sobrepasado los cuarenta tacos. Antes también me molestaban, pero menos. Ahora me inquietan, más. 
En cualquier caso, son fechas muy delicadas porque los que están a tu alrededor te examinan con lupa: le veo más viejo, calvo, gordo, incapaz (casi imposible), le veo... o no le veo tan viejo, no le veo tan calvo, no le veo tan gordo, no le veo tan incapaz (casi imposible), no le veo... Para el caso, pata. 
En general, en esa fecha señalada y dolorosa, la familia te intenta agradar y sorprender. Los padres, suegros, cuñados, hermanos y demás amistades te llaman para darte ánimos. Las hijas se encargan de que su aita tenga una tarta gigante con muchas velas, a poder ser de chocalate, como a ellas les gusta. La media-orange –haciendo un alarde de creatividad– te coloca un papelito debajo del plato que dice algo así: vale por un taladro. 
¿Un qué? Imagínense el shock que produce ese tipo de regalos. Me regalan ese aparato ruidoso, a mí que nunca he sabido hacer la o con un canuto. Un Black & Decker, nada más ni nada menos. De todos modos, he de decir que por unos instantes me he sentido como más hombre, más macho. Al fin y al cabo todos mis amigos tienen un aparato como ése (incluso más grande). 
Sin embargo, tras agradecer el detalle me he quedado unos instantes inquieto. Ninguna pareja hace un regalo sin segundas intenciones. ¿Cuál es el mensaje que subyace tras la máquina-hace-agujeros? Al principio, y llevado por esa frivolidad que me caracteriza, he buscado alguna conexión sexual. Pero, no. Después de mucho cavilar, pienso que es un indicación clara para que deje de perder el tiempo en blogs absurdos sobre literatura basura y me ponga a colocar en la pared los cuadros que llevan la friolera de quince años en el suelo. 
Claro, los cumpleaños son fechas terribles. Uno puede sufrir todo tipo de agravios por agradarle el día.

martes, 12 de abril de 2011

Acosados en la bitacora

Empiezo a entender el tema del acoso. Hasta ahora nunca me había ocurrido. Ni en el trabajo, ni en el mundo literario (ahí me he sentido vapuleado, pero no es lo mismo). Había oído hablar de él, de sus consecuencias negativas para el equilibrio personal, de las dudas sobre el comportamiento que en cada uno provoca, de las dificultades para rehacer la vida después de un episodio tan desagradable.
Sin embargo, ahora me siento acosado. Si bien es un acoso cibernético. Me explico. Hasta hace unos años, los que teníamos blogs éramos hermanos de sangre. Nos leíamos a veces, nos saludábamos de vez en cuando y siempre nos respetábamos. Que si uno escribía de cuentos (bien!), que si otro de actualidad (perfecto!), que si el de más allá de desamor (genia!), que si alguno de política (super!). En el fondo, gente seria.
Todo esto está cambiado en la actualidad. En estos tiempos han aparecido como extraterrestres docenas de blogueros que disparan a todo. Ahora te encuentras con gente que habla de sexo (bien!), de pinchos (why not!), de tecnología (uh!), de parques temáticos (uh!), de fútbol (uh!), de carreteras (uh!), de famosillos de tercera (uh!), etc. 
En definitiva, buscan el éxito social rápido y nos están obligando a los viejos blogueros a enrocarnos en nuestros cuarteles de primavera.
Desde que han cambiado las cosas, me enfrento a un acoso permanente de los nuevos compañeros de viaje. Estoy por demandar blogger –por ponerlo tan fáci– porque noto mi integridad física y psíquica en peligro. ¿Hasta cuándo aguantaré?


miércoles, 30 de marzo de 2011

Malditos médicos!

Me pasó hace años, pero todavía tengo pesadillas. En vacaciones, en esas vacaciones idílicas con hijos menores, sufrí un arrechuchón. Nada grave. Nada que no se hubiera podido prever. Después de agacharme y levantarme tres veces para que mi niña pequeña, a la que habíamos quitado el pañal hacía dos meses, hiciera sus amagos de pis –porque la condenada amagaba, pero no consumaba nada– todo ello en un cuarto de baño minúsculo, me quedé clavado. No podía moverme. La erección de mi torso parecía inalcanzable. El dolor fue intenso y, encima, en el costado izquierdo, junto al corazón.
Como cualquiera puede imaginarse, el susto fue mayúsculo. Yo apenas podía andar, sentarme o hablar. Estaba agarrotado. Vi el infarto de miocardio en su más cruda realidad. En aquellos instantes pasaron por mi mente muchas imágenes. La primera que recuerdo fue la póliza de seguro. La visualicé como si el documento estuviera en mis manos. Repasé las condiciones: circunstancia del fallecimiento (infarto por pi-pi de hija, me imaginé que escribirían en el papelito), importes, primas, desgravaciones fiscales, etc. Noté que, como casi todo lo que he hecho en mi vida, me había equivocado: mi tacañería innata me había obligado a elegir una póliza muy baja que, dados los tiempos, sólo permitiría sobrevivir a mi familia un par de años, y eso con suerte. Me prometí que si seguía en este mundo cambiaría las condiciones.
También tuve tiempo para repasar las oraciones de mi infancia, bien que muchas han sido actualizadas, modernizadas o simplemente desechadas. De todos modos, tuve el suficiente coraje como para recordar las notas básicas de sus melodías.
Mientras esto ocurría mi media-orange quería llamar a la ambulancia, mi hija mayor me pedía que jugase con ella a muñecas y la pequeña volvía a tener otro apretujón y tiraba de mi mano diciendo: pis, pis.
Una vez superada la crisis sin fallecer y sin ir al hospital, cuando regresé de vacaciones, decidí acudir a mi médico de cabecera. Por las fechas, como era de esperar, no estaba. Desde luego, agosto es un mes en el que mejor no te pase nada porque, en caso contrario, te encuentras en manos del último becario que ha entrado de prácticas.
Al final tuve suerte y pude contactar con mi internista. El muy simpático me dijo, una vez explicados los síntomas, que eso tenía pinta de algo muscular o de un flato. Hombre, flato, flato podía ser, pero no con tanto dolor ni tanto tiempo. Una expulsión a tiempo hubiera sido sencillo. La explicación muscular me pareció más plausible. Como mi internista me conoce bien y sabe que soy un poco hipocondríaco, decidió que debía hacerme unas pruebas: placas de torax, prueba de resistencia y aspirina que te crió.
Las placas fueron de maravilla. La enfermera me sugirió amablemente quitarme la camisa, levantar los brazos en un día de treinta grados y 80 de humedad, respirar hondo, aguantar el aire, expulsarlo y vestirme. Hasta ahí, todo bien. Lo grave vino con la prueba de resistencia. Yo, que había visto por la televisión a mis admirados futbolistas caminando por unas bandas móviles conectados a múltiples cables, me emocioné y quise imitarles. El día de la prueba me puse todo mi equipo de hacer deporte. Iba completito. Cuando mi media-orange me vio, la carcajada se oyó hasta en el ayuntamiento. Pero adónde pensaba que iba con esas pintas, que si la prueba se la había hecho su padre y era muy sencilla, etc. Bueno, me cambié de nuevo y me puse unas zapatillas de deporte discretas.
Una vez en la sala de pruebas de la clínica, el matasanos me miró a la cara y me dijo: quítate la camisa y ponte aquí, señalando al suelo con un gesto duro, seco, determinante. Empecé a tener miedo. A mí los médicos siempre me han dado yu-yu. Hasta entonces mi único temor había sido a una lesión grave de corazón que el monitor detectaría, seguro, a los primeros pasos. Entonces, comencé a temer al propio médico.
Cuando me quité la camisa, observé que el muy bestia había cogido una cuchilla de afeitar con su mano y que me estaba rasurando mi velludo pecho en seco. Por un momento vi mis tetillas salir volando. Mi alucine fue tal que no dije ni miau. El muy capullo me rasuró como a una oveja, me untó con un líquido pringoso y me colocó las ventosas en mis zonas doloridas.
Tras varias órdenes militares, me puse a andar por la cinta como un loco mientras el aparato se aceleraba. Pensé que igual no tenía nada, pero que por la velocidad me mataba. Accidente de tráfico, accidente médico. El ordenador sacaba curvas y más curvas. Yo sospechaba que la curvas no eran homogéneas, que estaban saliendo revoltosas. Al poco me comentó tajante, no tienes nada.
Me fui corriendo, nunca mejor dicho. La arrancada de ventosas fue el último acto depilatorio. También fue su última sevicia. Me solidaricé con todas las mujeres del mundo. Prometí no enseñar mi pecho a nadie en una temporada. Ni a mi media-orange. Sólo faltaba que pensase que me gustaba.
Si odiáis a los médicos, por favor dejad un mensaje. ¡Ah!, si odiáis a los ingenieros, también podéis dejar un mensaje. Bueno, si odiáis a los políticos, banqueros, editores…; vamos a tranquilizarnos un poco.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Huellas del pasado

Los libros de las bibliotecas familiares son huellas del pasado. No sólo muchas veces están firmados o  marcados con la fecha y el lugar de la compra, también aparecen trabajados con subrayados o anotaciones al margen que indican el interés del lector, sus gustos, sensibilidades o apetencias intelectuales. Además muchos de ellos mantienen en su interior restos de actividades realizadas en momentos puntuales. Billetes de teatro, de tren, de museos; facturas de restaurantes; fotografías; planos; aparecen de manera sorprendente en sus entrañas despertando de nuevo nuestra imaginación y dejando entrever una parte de nuestro pasado o del pasado de nuestros antecesores. Quizá cuando no estemos más aquí nuestros descendientes descubran que sus padres o abuelos tenían gustos dudosos.

sábado, 5 de marzo de 2011

Diario de un escrito (5)

Durante esta semana he sentido lo que es la presión mediática sobre el escritor. Mi hija pequeña ha descubierto que estoy escribiendo un libro y me ha comenzado a controlar. Me ha preguntado que por qué me gusta la violencia cuando ha leído el título, lo que me ha hecho reflexionar sobre mi personalidad. Además, desde que se ha enterado, cada día mira en qué capítulo estoy y cómo avanzo. Y, por supuesto, le ha parecido que voy muy lento, que a este paso no acabo nunca, lo cual ha provocado en mí un cierto complejo de inferioridad. Después me ha preguntado si lo voy a publicar como la tía lupita (una amiga de la familia) y he temblado ante la sola posibilidad de ser rechazado por todas las editoriales del mundo. Por último, me ha amenazado con su enemistad si ella o su hermana aparecen en la historia ("no se te  ocurrirá"). Al final, por si acaso, también ha incluido a su madre ("tampoco ama"). 
Ya no me basta con tener miedo de las editoras y de las lectoras de novelas. Ahora empiezo a temer también a mi hija de ocho años.

jueves, 3 de marzo de 2011

Voy a copiar cien veces: no copiaré


Sin querer me estoy volviendo un ser vulgar. Por eso me impongo una penitencia. Copiar 100 veces cada una de estas frases:
- No criticaré la literatura basura cuando yo soy parte de la misma (basura).
- No seguiré los rankings de libros más vendidos para comprar mis lecturas.
- No criticaré a la revista QUE LEER porque la compro según sale en el quiosco.
- No copiaré los argumentos de otros escritores cuando no se me ocurra ninguna idea.
- No imitaré la firma de los escritores exitosos para ver si se me pega algo.
- No vestiré de oscuro como hacen los artistas más famosos del universo para ver si me reconocen en la calle.
- No firmaré manifiestos absurdos para verme en los periódicos.
- No apoyaré causas partidistas auspiciadas por burócratas para ver si me meten de asesor de imagen.
- No me pondré pulseritas de distintos colores ni otros distintivos por causas que me importan un pimiento.

sábado, 26 de febrero de 2011

Diario de un escrito (4)

Siento que me estoy prostituyendo como autor. Tan pronto, sí. Ha sido algo repentino. Desde que me di cuenta la semana pasada que sólo las mujeres leen libros. Y que también las editoras son de sexo femenino. Al igual que las lectoras de informes. Antes, cuando escribía, no pensaba en nada más que en la gloria, pero ahora la gloria tiene cara de mujer.
Desde entonces he cambiado mis planes cobardemente y pienso en cómo contentarlas, en cómo engatusarlas para que mi detective se adentre en su corazón y se quede ahí para siempre.
Al principio opté por cambiarle de sexo, pero como dije, no creo que salga bien la operación. Por eso he preferido perfilarlo como un hombre abrumado por las circunstancias. Las circunstancias son su infancia, su ex mujer, su hija Adriana y su compañera Eva. Como se puede observar, para compensar, todo mujeres. Todo ello le ha conformado/deformado, seguro, aunque mantiene un corazón noble como los grandes héroes. Eso a las tías les encanta ya que siempre piensan que nos van a regenerar y que gracias a ellas saldremos de la miseria y dejaremos de mirar a otras mujeres, lo que no suele ser cierto para su desgracia y, quizá, para la nuestra.