domingo, 30 de octubre de 2011

El mundo de las cabezas vacías, de Pedro Ugarte

Pedro Ugarte, aparte de buen amigo, es un escritor de raza, de esos que llevan años trabajando en la oscuridad de su casa con una media sonrisa que reza así: mientras los demás hablan, chatean y tonttean, yo escribo. Y es verdad, escribe con una perfección estilística que lo hace especialmente recomendable para la nueva generación de narradores [que no quieren perder el tiempo con algo tan decadente como el estilo]. 
Pero, además, es el tipo de escritor costumbrista que se fija en todo aquello que los demás no nos fijamos y que si lo hacemos, nunca seríamos capaces de reproducirlo con esa precisión y comicidad. Porque Ugarte no es sólo irónico [todos los escritores hoy en día lo son, como si eso fuera un billete para la eternidad], sino que es cómico, de una comicidad algo brutal, cierto, que nos llena de regocijo.
Buen ejemplo de ello son los cuentos reunidos en El mundo de las cabezas vacías, un libro con un título muy adecuado para nuestra época actual y que indica la tendencia de su pensamiento algo cínico.
A lo largo de 12 relatos [u once, según se mire], el protagonista narra en primera persona situaciones relacionadas con las parejas, la familia o el trabajo, universo que domina y en donde el autor se siente cómodo. Y lo hace desde una posición de perdedor, de un perdedor algo cutre [es decir, como la mayoría de nosotros]. Así aparecen padres troskistas, madres obsesionadas con el vestir de su hijo u hombres que no saben cambiar una rueda del coche. Y esas situaciones comunes las lleva hasta el extremo para que exploten con requiebros que nos obligan a lanzar carcajadas.  




El mundo de las cabezas vacías
Pedro Ugarte
Editorial Páginas de Espuma
Págs. 187

miércoles, 26 de octubre de 2011

La ciudad feliz, de Elvira Navarro

Elvira Navarro es la niña de las letras españolas. Y no lo digo con ironía. Tampoco por su juventud [nació en 1978]. Lo comento porque controla a la perfección los sentimientos de las pre-adolescentes femeninas en su lucha por librarse de la familia y, en concreto, de las pesadas de sus madres [a ciertas edades todas las progenitoras (y algunos padres) están histéricas con sus hijas, ¿no?]. 
En este sentido, fue brillante en La ciudad del invierno y ha sido algo más desconcertante en La ciudad feliz. Y me explico. Navarro divide su libro en dos novelas cortas [o más bien cuentos largos] realmente independientesLa primera narra en tercera persona la lucha de un niño chino y su familia por salir adelante con un asador-restaurante en una ciudad española. El joven descubre un mundo que se aleja de la armonía de la infancia y se adentra en las peculiaridades de una familia emigrante, con su dureza y con sus contradicciones.  
En la segunda, narrada en primera persona, nos encontramos con una pre-adolescente que, de forma casual, comienza a fijarse en un vagabundo francés con el que mantiene una relación amable pero que trastoca el equilibrio existente en la familia, dejando en evidencia las miserias humanas y sociales de sus progenitores, y su dificultad para hacerse mayor.
Ambas historias –interesantes per se– no son capaces de aportar valor añadido al conjunto de la novela entendida como un todo. Es más, diría que le restan empaque y calidez, dejando un ligero sinsabor en el lector que no entiende la razón del encaje. Y es una pena porque la narradora tiene un estilo preciso y una mirada perspicaz que le auguran un brillante porvenir en las letras hispanas [aunque sea de eterna niña].

Nota: En algunos casos, conviene no hacer caso a los editores.


La ciudad feliz
Elvira Navarro
Editorial Mondadori
Págs. 179

lunes, 24 de octubre de 2011

El arte de la ficción, John Gardner

A veces hay que volver a los clásicos. Sobre todo cuando se te llena la cabeza de teorías y tontterías de distinto cuño que pululan por el ciberespacio [y por la cibertierra] con total impunidad. Entonces te acercas a John Gardner y te reconforta con aportaciones sencillas, lógicas, contundentes como "los seres humanos como los chimpances pueden hacer muy poca cosa sin modelos", o "la verdad no tiene demasiado valor allí donde todo el mundo está de acuerdo sobre qué es la verdad", o "el éxito de los imbéciles en el mundo universitario es uno de los grandes misterios de Dios". Perfecto, por fin algo polémico pero con sustancia. Encaja con el estado de ánimo de la mayoría de los lectores.
Pero hay más, porque ciñendonos a la literatura afirma que "todas las preguntas legítimas que se planteen en la mentalidad del lector han de encontrar respuesta, por sutil que sea, dentro de la obra". Toma ya. Así que nada de olvidar, fragmentar y quedarse con información privilegiada para parecer más inteligente, estimado narrador. O todo o nada.
Y sigue "al escritor le corresponde crear seres humanos convincentes y crear para ellos situaciones y acciones básicas, por medio de las cuales consigan conocerse y revelarse ante el lector". Para ello nada mejor que "la viveza del detalle que es como la sangre que riega la ficción y le da vida". Buen consejo.
Para finalizar, dice: "uno de los principales errores que puede cometer un escritor consiste en permitir que la mente del lector se distraiga, incluso momentáneamente, apartándose así del sueño de la ficción".
En fin, muy recomendable para escritores sin experiencia [incluso con experiencia]que han perdido el norte narrativo y no hacen más que rizar el rizo para llamar la atención.


El arte de la ficción
John Gardner
Editorial Fuentetaja
Págs. 243

viernes, 21 de octubre de 2011

Diarios 2004-2007, de Iñaki Uriarte

Iñaki Uriarte es un escritor atípico por varias razones. Primero, porque en este época en la que proliferan los pulidores de palabras, no se considera de la profesión. Es más, le horroriza ser catalogado así. Segundo, porque ha publicado con sesenta años su primera obra, un diario personal e intransferible. Tercero, porque no ha trabajado nunca [cuando digo nunca, es nunca, palabra]. Eso hace que se haya convertido en la envidia del mundo literario donde nadie se esfuerza mucho pero, al menos, todo el mundo hace como que trabaja. Hasta sus amigos Vila Matas o Muñoz Molina darían parte de su gloria por haber dispuesto de esa libertad económica y mental.
Siendo esto destacado, hay que reconocer que Uriarte ha aprovechado el tiempo para mezclar drogas y literatura en la proporción adecuada que le han permitido tener [y mantener] una de las mentes más lúcidas de nuestras letras [tan proclive al enfrentamiento]. En este sentido, durante años se ha convertido en observador de un entono complicado donde la estupidez política junto con la estulticia literaria han ido de la mano en múltiples ocasiones. Pero Uriarte no se ha dejado condicionar. En sus dos Diarios (1999-2003 y 2004-2007) ha dejado que su memoria reproduzca –de manera errática pero acertada– hechos y lecturas significativas para todos nosotros [predominan los ensayos y autores como Montaigne o Pascal, entre muchos otros]. Y lo ha hecho "como si se escribe una carta a la familia, pero con un poco más de cuidado". 
Sin duda una delicia muy recomendable por su hondura y fina ironía que servirá para relajar los atardeceres de los lectores inteligentes.


Nota: Hay dos cosas que no perdonamos al autor. Que no dé los nombres de algunas de las personas mencionadas [se ve que es de una generación pre-digital y todavía tiene algo de pudor] y que le guste Benidorm. No todo podía ser perfecto.


Diarios 1999-2003 y Diarios 2004-2007
Iñaki Uriarte
Editorial Pepitas de Calabaza
Págs. 184 y Págs.185

lunes, 17 de octubre de 2011

Ejército enemigo, de Alberto Olmos

Ejército enemigo es una gran novela. Lo es por múltiples razones. La principal porque el autor, Alberto Olmos, se deja la piel, su piel, en ella [y algo de semen, todo hay que decirlo] y lo hace de manera radical, con su estilo corrosivo y lleno de mala leche, sin contemplaciones de ningún tipo, procurando cargarse-para-siempre al conjunto de sus enemigos [que sin duda son muchos], porque, entre otros motivos, "la solidaridad ha fracasado". 
Para ello utiliza la publicidad e internet como campo de batalla para dar rienda suelta a una visión de la actualidad donde predomina el individuo salvaje con sus obsesiones (egoísmo, exposición impúdica de la intimidad, cibersexo), el pensamiento único (mismas ideas repetidas hasta la saciedad, manipulación por expertos, predomininio de la realidad virtual) o la labor de las ONGs (buenismo, ineficacia, juego de niños bien, etc.). Y lo cuenta en primera persona, con un lenguaje duro (incluso hiriente), pero utilizando también distintos soportes como diarios, mails o referencias de otros pensadores que enriquecen la trama y le dan un dinamismo narrativo muy acorde con los nuevos tiempos.
Pero vayamos a la historia. Santiago, un publicista poco motivado y con un problema de personalidad evidente ("yo soy mi propia basura"), vive en un barrio deprimido [la metáfora de la zapatillas colgadas en un poste eléctrico lo simboliza a la perfección] y contempla con cinismo los movimientos sociales que protagoniza alguno de sus amigos ricos (en especial, Daniel) a los que acusa no sólo de fracasados, sino de ser tontos útiles y frenar la reacción. El asesinato de Daniel, y la herencia de su clave de acceso a su mail, darán acceso a la vida verdadera de su amigo muerto, a su suplantación, y a descubrir que su activismo social ha transformado sus métodos entrando en una espiral peligrosa de violencia.
Ejército enemigo es, por tanto, una novela imprescindible para entender nuestro tiempo, que no dejará indiferente a nadie [e incluso repugnará a muchos] y de la que estaría orgulloso el mismísimo Michel Houllebecq [podría afirmarse que tiene los mismos vicios que el autor francés, incluso de estilo]. 

Nota: Se abre el debate.


Ejército enemigo
Alberto Olmos
Editorial Mondadori
Págs. 279

jueves, 13 de octubre de 2011

Una belleza vulgar, de Damián Tabarovsky

Damián Tabarovsky no tira la toalla. Su necesidad de criticar y cambiar el panorama narrativo (y social) se ve reflejado en esta novela-ensayo en la que una hojita se desengancha de su árbol y –durante 125 páginas– nos da cuenta de lo que ve hasta caer al suelo, uniendo rápidas descripciones con elaboradas reflexiones.
Porque Una belleza vulgar no tiene nada de vulgar y sí mucho de sofisticacion, de tesis y, como tal, poco de novela al uso. De hecho es más una justificación literaria para poder desarrollar parte de las ideas ya presentadas en Literatura de izquierda, pero ahora de una forma alegórica, aunque el propio autor lo niegue [el juego del autor es tal que llega a decir una cosa y lo contrario a lo largo de toda la novela como parte de la paradoja actual]. Y pongo un ejemplo sencillo del comienzo:
"Pero hoy no es primavera, o tal vez sí, poco importa, es un día cualquiera, como todos (todos los días son un día cualquiera), y tampoco hay empleados del gobierno de la ciudad podando los plátanos; tan sólo una hojita que acaba de soltarse de una rama, en el resplandor silencioso del viento que asoma. ¿Qué significa soltarse? ¿Qué historia se engendra en ese acto? Soltarse no supone saltar, crecer, nacer, irrumpir; al contrario, implica interrumpir: la tradición es suspendida en el momento mismo en que se realiza. Se suspende la ficción fundadora, o mejor dicho, la fundación de la ficción. Suelta (ahora sí), librada a su suerte, sin ninguna institución que la proteja, ningún habla que la legitime, ninguna voz que la autorice, la hojita se desengancha del pasado, es decir del futuro".
Bastante fuerte, hay que reconocerlo. Y muy atrevido. Porque ya lo dice nuestro admirado editor Constantino Bértolo en la contraporta del libro, "los lectores que amen la narrativa de crimen, detective, suspense, investigación y desvelamiento final pueden comprar esta novela (hay que hacer caja), pero por favor: no nos vengan después con reclamaciones o improperios. El que avisa no es traidor". 
y muchos otros tampoco. Ya lo saben. Pero bueno, volvamos al tema. La hojita se desprende de la rama de un árbol en la calle Thames, de Buenos Aires, y así se abre el deambular errático que nos permite ir descubriendo sus edificios y sus gentes; sucesión de edificios y gentes sin pasado, sin presente y sin futuro. Y es en ese entorno decadente es donde mejor se desenvuelve el autor, con miradas rápidas y reflexiones acompasadas sobre distintos aspectos de nuestra sociedad, del capitalismo y, al mismo tiempo, del arte y de la literatura contemporáneos. 
En resumen, una obra densa, de difícil lectura, en línea con el compromiso de autores como Isaak Rosa o Belén Gopegui, pero enriquecedora, que quiere despertar las conciencias de los lectores de-una-vez-por-todas. 


Una belleza vulgar
Damián Tabarovsky
Editorial Caballo de Troya
Págs. 125

miércoles, 12 de octubre de 2011

Diario de un escrito (17) y Final

Diario de un escrito se despide de este blog tras acompañar durante nueve meses al folletín Asesinato en la ciudad del diseño. Ambos escritos tenían un carácter experimental y complementario. Por un lado, deseaba distraer mi tensión diaria con una novela por capítulos (semanales) con todos los componentes de la literatura basura (intriga, sexo, manipulación, etc.) que me divirtiera. Por otro, quería reflejar algunos apuntes al respecto. Ambos propósitos han sido cumplidos con poco rigor, como suele ocurrir. La novela ha chocado con la incompetencia del protagonista que no ha sabido llevar la investigación con buen ritmo y desentrañar los enigmas planteados con dignidad. Por ello, le he tenido que despedir, aunque mi primera tentación fue matarle en acción (una editora amiga me propuso romperle las piernas, sin más). En cuanto al Diario ha sido la constatación de una corrupción literaria desde el principio porque estaba obsesionado con agradar a la única lectora que me seguía y me hacía comentarios [y que por cierto me abandonó allá por el capítulo 30]. Además, en medio de la narración me di cuenta que ningún sello editorial iba a publicar a una persona tan machista como Malpartida en estos tiempos que corren donde todo es corrección [jóvenes comprometidos, mujeres que cosen, ancianos que sacrifican sus vidas cuidando nietos, etc] y quise cambiarle de personalidad sobre la marcha, creando un monstruo de investigador. 
En cualquier caso todo este esfuerzo ha servido para descubrir varios aspectos relacionados que paso a compartir.
- Escribir literatura basura no es tan fácil como algunos quieren pensar. Tampoco tan difícil, claro.
- Leer una novela en un blog no es buena idea por la dificultad del medio. No se hace amable.
- Separar los capítulos por semanas tiene su gracia como idea pero es poco práctico. No vivimos en el siglo XIX donde todo pasaba por los periódicos. La atención y el interés es muy difícil de mantener, aun cuando echase algún polvo el protagonista. 
En fin, que de todo se aprende. A partir de ahora, Asesinato en la ciudad del diseño pasa a boxes para reconvertirse en La ciudad del diseño. Esperemos que mejore sustancialmente. 

martes, 11 de octubre de 2011

La cena de los notables, de Constantino Bértolo


La cena de los notables es todo un atracón de sabiduría literaria donde Constantino Bértolo nos ofrece una magistral muestra de nuestra ignorancia [hasta ahora pensábamos que bastaba con leer o con escribir, pero después de acabar este libro sabemos que no, que eso es lo menos importante][No descubro más porque no deseo suicidios colectivos prematuros]. Y lo hace desde el principio hasta el final, con cierta reiteración que le perdonamos pues somos conscientes de nuestras limitaciones intelectuales. Así el autor comienza con un órdago diciendo que "la escritura nació ligada al poder, aunque nos guste pensar que fue creada para dar honra, voz y cobijo a la memoria" y poco más adelante, "la literatura no deja de ser un acto de violencia", para finalizar en un tono algo misterioso "leemos para aprender a preguntarnos por qué leemos". Chulo, ¿eh? Pues es sólo el prólogo.
A partir de ahí se abre todo un universo relacionado con la lectura y la escritura cuyo punto de inflexión es la aparición de la imprenta que "modifica el espacio de interrelación social que llamamos literatura" y cuyo punto de encuentro es la responsabilidad, individual y colectiva. Sobre ese concepto de "comunidad" gira la argumentación del autor realmente provocadora en una sociedad capitalista donde el individuo es el rey [por cierto, conviene leer Literatura de izquierda, de Tabarovsky después de este libro. Eso sí, separarlo un par de meses porque de lo contrario igual sacáis una pistola y empezamos a tiros].
El análisis es exhaustivo y entretenido porque descubrimos las implicaciones del proceso de lectura, la importania de la comunidad en ese proceso, los cambios "tecnológicos" que hacen que haya variado a lo largo de los tiempos, el papel de los escritores, editores y críticos, la situación del mercado, etc. Una parte que me ha gustado especialmente ha sido releer de su mano obras como Martín Eden, Madame Bovary o El final del cielo. Además, conviene no perderse la diferencia entre los autores de textos y de literatura.
En fin, un ensayo de altura resultado de años de experiencia literaria de un crítico y editor prestigioso [que a todos los que nos movemos por el mundillo literario nos gustaría tener como padre]. Necesario para seguir escribiendo. También para dejar de ser un idiota-lector.


Nota: Una petición especial para el autor. Necesitamos con urgencia un anexo con su análisis sobre la revolución digital y sus consecuencias para la literatura. Por favor. 


La cena de los notables
Constantino Bértolo
Editorial Periférica
Págs. 249

lunes, 10 de octubre de 2011

Cómo no escribir una novela, de Howard Mittelmark y Sandra Newman

Desde que la teología no fue capaz de definir a Dios por lo que era sino por lo que no era, un montón de seres humanos se han dedicado a decirnos lo que no hay que hacer en gran cantidad de materias. Y la novela no podía quedarse al margen. Mittelmark y Newman lo explican muy bien, con ese ironía que pone los pelos de punta a cualquier escritor en ciernes [uno es capaz de imaginarse las carcajadas que se pegan los editores comentando tal o cual tontería de un manuscrito mientras toman un café]. Pero ellos tienen buenos sentimientos, quiere ahorrar disgustos a los nuevos narradores, y potenciales suicidias [la sombra de Kennedy Toole siempre aparece en algún momento]. 
Pero también cabe sospechar que quieran servir de coche escoba de la narrativa y evitar perder tiempo a las editoriales [y futuros lectores] con insufribles manuscritos escritos por insufribles novelistas con sus insufribles temáticas y sus insufribles estilos. Nos alegramos.
En cualquier caso, los autores hacen un repaso divertido y acertado de la novela comenzando por la trama y personajes y centrándose en el estilo. Por último, ofrece consejos de cómo no vender un libro a una editorial. En total identifican los 200 errores más comunes que cometen los escritores. Casi nada.
Desde luego un libro entretenido donde el escritor novato [y no tan novato] puede comprobar que todo lo que ha escrito hasta el momento no sirve para mucho. Necesario. 


Cómo no escribir una novela
Howard Mittelmark y Sandra Newman
Editorial Seix Barral
Págs. 306

sábado, 8 de octubre de 2011

Diario de un escrito (16)

Hoy he recibido un amable mail de una editora española. Me dice que está preocupada por mi decisión de matar al protagonista de mi folletín dominical Asesinato en la ciudad del diseño. Me comenta que no le ha seguido del todo la pista al detective Malpartida, pero que en cualquier caso es pésima política literaria quedarte sin protagonistas. Después, cuando interesa por razones comerciales, cuesta mucho resucitarlos. Sobre todo, en estos momentos de trilogías u cuatrilogías [¿se dice así?] con tantos anormales sueltos que venden miles de ejemplares. 
Sus razones son contundentes. En el mundo editorial conviene la repetición y que el lector se identifique con un entorno literario, ya que nuestra capacidad de interés y concentración ha bajado. En este sentido, me aconseja que sólo le parta las dos piernas para que aprenda a comportarse en público y no siga a todas las mujeres de la historia. Me ha facilitado la dirección de un par de matones utilizados por su editorial. Por último, me ha indicado que no me preocupe por el escaso nivel de la obra. Me ha confirmado que la narrativa española está bajando de calidad a marchas forzadas y que en un par de años mi novela estará a la altura.
Gracias, amiga. No tengo más que palabras de reconocimiento.

viernes, 7 de octubre de 2011

Exito, de Iñigo García Ureta

Editar se parece mucho al ligoteo. Eso es lo que insinúa Iñigo García Ureta en su libro sobre el rechazo editorial. Y lo entiendo. Ahora los escritores se topan con mujeres inflexibles que dirigen los sellos editoriales con mano férrea. Y qué mejor consejo que comprarse un manual de Cómo tener éxito con las mujeres. Eso facilita el camino y, además, sirve para otros menesteres en la vida privada del pulidor de palabras.
Pero a lo que íbamos. Para aquellos escritores que creen que los editores se la tienen jurada, Exito es el libro adecuado. Verán confirmadas sus teorías desde la primera a la última página [en estos tiempos difíciles cada uno interpreta los hechos como quiere ¿no?]. Así, constatarán que los editores son personas que se equivocan tanto o más que los árbitros y que a lo largo de la historia han cometido todo tipo de barbaridades literarias [y extraliterarias]. Pero, como dice el autor citando a Rodríguez Rivero "en el fondo, y visto con perspectiva, tampoco importa demasiado que un editor pierda una obra valiosa. Lo que cuenta es que finalmente sea publicada y, sobre todo, leída". Y Ureta nos consuela "el que la sigue, la consigue", frase que yo oía muy a menudo cuando era más joven y que solía ir acompañada de otra que decía algo así como "no te preocupes, hay muchas mujeres en el mundo".
Sin embargo, Exito también es el libro de aquellos que quieran entender que el mundo editorial es un negocio y que, como tal negocio, ningún editor es idiota y tira por la borda una buena obra [e incluso mala si da dinero]. De hecho hay un claro interés en conseguir un beneficio inmediato en la cuenta de resultados. Por eso, según el autor, en nuestro país se publican al año 10.446 libros de literatura [me encanta la precisión porque da credibilidad a la fuente, lo decía en alguna reseña anterior]. Y para conseguirlo nada mejor que acertar desde el primer momento. 
En fin, que el oficio de editor conlleva decir no a múltiples propuestas y, por tanto, equivocarse de cuando en cuando, como todos sabemos por experiencia propia. 
Un libro sobre la edición interesante por lo que dice, por cómo lo dice y por qué lo dice. Recomendable para editores y escritores [y sus respectivas madres]. 


Exito
Iñigo García Ureta
Editorial Trama
Págs. 146

jueves, 6 de octubre de 2011

El día de mañana, de Ignacio Martínez de Pisón

Martínez de Pisón es de los pocos narradores españoles que se toman en serio su profesión de escritor [otros son más proclives a la promoción o al espectáculo]. Su obsesión por la perfección se refleja en el conjunto de El día de mañana, una obra de altura literaria que permite entender la realidad española de la postguerra (y pre-democracia) desde distintas perspectivas, todo ello centrado en un personaje, en un traidor. 
Como informa la sinopsis, Justo Gil es un emigrante recién instalado en Barcelona, un joven avispado y ambicioso que, llevado por los vaivenes del destino, acaba convirtiéndose en confidente de la Brigada Social, la policía política del régimen. Una docena de personajes cuentan cómo conocieron a Justo en algún momento de sus vidas y cómo fue su relación con él. Sus testimonios conforman una visión amplia de la cambiante realidad de los años sesenta y setenta, al tiempo que reconstruyen la historia de la degradación personal de un individuo cuya evolución y comportamiento ayudan a entender parcelas de ese capítulo de la historia reciente. 
Y lo hace con una calidad [y calidez} fuera de lo común. Para ello utiliza las voces de distintos personajes –al principio algo difícil de seguir– que desgranan su experiencia con él y muestran la evolución del propio protagonista que se mueve por una zona gris de afectos e intereses. Por cierto, magnífica la presentación de una sociedad intelectual catalana que juega a ser de izquierdas y antifranquista cuando sólo son unos niños de papá. 
Recomendable por la temática y por la madurez narrativa de su autor.

El día de mañana
Ignacio Martínez de Pisón
Editorial Seix Barral
Págs. 377

miércoles, 5 de octubre de 2011

50 cosas que hay que saber sobre literatura, de John Sutherland

Nunca he entendido las numeraciones exactas. Me pasa desde los Diez Mandamientos. Yo hubiera preferido, por ejemplo, que hubieran sido 7 u 11 (o quizá 13,8) porque le da como más credibilidad al asunto y porque no todos los pecados tienen el mismo valor desde mi punto de vista, con lo cual habría que ponderar [por ejemplo la vanidad para los escritores es pecado venial, así como la paliza a los personajes de novela]. 
Sucede lo mismo con 50 cosas que hay que saber sobre literatura. Es más, diría que sobran una cuantas cosas que han sido puestas de relleno por los editores. Pero es que además es contraproducente tanta información porque los mejores lectores suelen ser los más ignorantes. Y todo se estropea cuando el lector quiere ser más listo que el escritor [nada difícil por otra parte, pero hay que saber disimular]. Eso ocurre a menudo entre algunos blogueros que nunca han escrito nada más que su bitácora, y que se sienten justificados para destripar cualquier obra por medio de su ignorancia.
Pero no es el caso de Sutherland. El autor y crítico John Sutherland muestra de una manera sencilla cuáles son los grandes temas literarios organizados por categorías (cuestiones básica, maquinaria, recursos literarios, nuevas ideas, etc.) y las formas en que han sido tratados a lo largo de la historia. Al mismo tiempo se acerca a las problemáticas de los autores actuales y explica con sencillez las teorías críticas. Como dice su contraportada, en este recorrido por la literatura se descubre la dificultad de definir un clásico, la importancia de la ambigüedad en la creación de un texto literario o las distintas maneras en que se puede identificar el estilo. Recomendable el apartado de nuevas ideas con aspectos como el estructuralismo, desconstrucción, textualidad, doble vínculo o postmodernismo. Un recorrido que nos convertirá en escritores y lectores más preparados [y maleados] conscientes de sus propios derechos.
En definitiva, un libro sin demasiadas pretensiones pero de entretenida lectura.



50 cosas que hay que saber sobre literatura
John Sutherland
Editorial Ariel
Págs. 213

lunes, 3 de octubre de 2011

Un momento de descanso, de Antonio Orejudo

Antonio Orejudo no es un escritor español –lo siento– a pesar de su nombre y del lugar de nacimiento. Diría que tampoco es un escritor hispano. Más bien parece uno de esos autores checos, polacos o ucranianos con nombres, textos y títulos raros. O tal vez uno de esos norteamericanos, como Philip Roth, tan de moda por desentrañar las estupideces de su país, que son muchas. 
Lo digo porque las temáticas tanto de Reconstrucción como de Un momento de descanso no son habituales en nuestro panorama narrativo tan dado a trillar sobre trillado. Y me ciño al actual libro. Hasta ahora a nadie le había interesado la atrasada y pacata universidad española. Sin embargo, Orejudo se atreve con la americana y española a la vez. Y lo hace sin dejar títere con cabeza como cuando dice que "los occidentales del siglo XXI no tenemos problemas. Salvo que llamemos problemas a quedarnos sin tóner en la impresora o sin periódico el domingo por la mañana", o cuando describe el Departamento de Spanish de la Universidada de Missouri donde los colegas de uno de los protagonistas "estaban tan obsoletos como el mobiliario", y una de las profesoras colecciona "glandes de escritores célebres que ella misma fotografiaba" ya que "le divertía la facilidad con la que los escritores se la sacaban", pues de todos es sabido que a los escritores –locales o no– les gusta que se la chupen (este último comentario lo comparte el reseñista con el autor).
Pero sigamos la sinopsis del libro que se supone sintetiza la obra. Arturo Cifuentes reaparece un día en la vida del narrador Antonio Orejudo. Cifuentes es un viejo amigo de la facultad, con el que Orejudo compartió casa en Nueva York, cuando ambos encontraron sus primeros trabajos en Estados Unidos, y al que suponía ya establecido en aquel país. Han pasado diecisiete años desde la última vez que se vieron, Cifuentes se ha divorciado y ha regresado a España para ocupar un puesto en la facultad donde estudiaron. Y tiene mucho que contar: las relaciones con su hijo adolescente, la crisis de su matrimonio, su infausta peripecia profesional y, sobre todo, su desencanto profundo con las humanidades. El narrador, que recapitula también sus experiencias de aquellos años, no sospecha, sin embargo, que su viejo amigo quiere proponerle algo que les afecta a ambos: desenmascarar a los farsantes, descubrir las raíces de una vieja conspiración. 
Y para ello el libro utiliza tres partes diferenciadas. La primera con las peripecias vitales de Cifuentes hasta su regreso a Madrid. La segunda con una especie de autoficción del propio Orejudo donde narra sus correrías locas en la facultad de filología hispánica y por Nueva York (se convierte en una especie de experimento que "enriquecía la realidad con la ficción"), y la tercera con una intriga de buenos y malos con guerra civil incluida, como casi todo en nuestro país. 
En definitiva, una obra ligera para difrutar donde a la inteligencia del autor se le suma la pericia del narrador.

Un momento de descanso
Antonio Orjeudo
Editorial Tusquets
Págs. 241